Alfredo transmitía una gran confianza, jamás ponía barreras de ningún tipo ante quien a él se acercaba en demanda de cualquier cosa. Su ‘rebotica’ en La Industrial Papelera, es buena prueba de ello. Por ella, pasaron a lo largo de muchos años, amigos y menos amigos, personas de todo tipo y condición y de cualquier tendencia, tanto política como religiosa, en busca del consejo, del consuelo a alguna pena, del escrito para esta o aquella revista, del guión para una presentación ya de libro, festera o teatral.
Todos encontraron la respuesta apetecida en este hombre amable, servicial, complaciente y desprendido, que nunca cobró nada por los favores que hacía y al que no todos supieron agradecer el escrito o los versos recibidos de su mano y autoría.


