Visitar en octubre la localidad alicantina de Petrel gracias a los numerosos vuelos que enlazan con la capital provincial puede llevar a confusión. Los disfraces y máscaras que toman la calle los festivos y fines de semana inmediatamente siguientes al día 7 de ese mes producen la sensación de haberse equivocado de fecha y haber llegado en Carnaval. Sin embargo, pese a que hay muchos puntos de contacto con esa festividad, Les Carasses constituyen una fiesta propia que se celebra en honor de la Virgen del Remedio.
Carasses significa caretas, que son el elemento principal de los festejos: los participantes cubren sus rostros con un lienzo blanco al que se le han practicado agujeros para ojos, nariz y boca, añadiéndosele cejas o bigotes pintados. Luego complementan la máscara con un disfraz, a menudo trastocando un sexo por otro, y se lanzan a realizar pasacalles acompañados de la música de dulzainas y tambores, ejecutando una danza tradicional y desafiando -con voz deformada- a los espectadores a reconocerles, entre pícaras chanzas y bromas.
En realidad les danses, las danzas tradicionales, se han perdido porque la fiesta pasó por malos momentos, primero por las prohibiciones pero después por la indiferencia popular e institucional, que la relegaron en beneficio de los Moros y Cristianos. Y eso que, pese a que la primera documentación al respecto es de 1830, se remonta al siglo XVII, cuando familias de otros pueblos de la región llegaron a Petrel para repoblarlo tras la expulsión de los moriscos y la trajeron consigo. En Ibi, por ejemplo, se llaman Tapats y en Tibi Muscarasses; hay una gran similitud.
Decíamos que las danzas se extinguieron en los años treinta del siglo XX y, aunque se recuperaron tras la Guerra Civil bajo el nombre de bailes populares al estilo del país, fueron prohibidas por su carácter abiertamente pagano en 1969 y no se retomaron hasta diez años más tarde, ya en plena democracia. Hoy tratan de recuperar el esplendor olvidado merced al esfuerzo de algunas agrupaciones.


