Es cierto que estamos inmersos en una crisis econica terrible y que eso requiere del esfuerzo y el sacrificio de la ciudadan僘, pero no es menos cierto que las medidas tomadas hasta el momento no han hecho m疽 que agravar la situaci de los sectores m疽 desfavorecidos de la sociedad. Sin embargo, aquellos que por su codicia y ambici desmedida nos llevaron a la actual situaci no solo no han pagado por ello, sino que se han convertido en quienes dictan las nuevas reglas del juego a nuestros gobernantes, reglas que se concretan en m疽 desigualdad social, mayor precariedad laboral y menos servicios a la ciudadan僘.
En lo que llevamos de a, ha habido en Madrid m疽 de 2000 manifestaciones, la inmensa mayor僘 de ellas para protestar por los desastrosos efectos de los recortes en derechos y libertades que se han producido en los 伃timos meses. En los 伃timos as se han multiplicado las iniciativas para intentar dar voz a quienes durante demasiado tiempo han sido ignorados. La indignaci ciudadana ha tomado la calle, provocando destellos de ilusi en una parte importante de la poblaci, cansada y decepcionada porque no tiene a qui駭 recurrir para hacer llegar su voz. Todas estas iniciativas se han encontrado con campas de desprestigio por parte de quienes detentan el poder pol咜ico, econico y medi疸ico, que han cargado las tintas sobre supuestos radicales antisistema, violentos y destructivos, present疣dolos como una amenaza para la democracia que representan las m疽 altas instituciones del Estado. Y con el paso del tiempo, el cansancio y la falta de resultados pueden acabar por provocar la frustraci y el abandono.
En el otro lado est疣 las organizaciones sindicales tradicionales, que hasta el momento no han sabido canalizar el descontento de todas esas personas que ven y sufren el desmantelamiento cruel e injusto de nuestro maltrecho Estado de Bienestar. Muchos son los errores y manipulaciones que , en ocasiones, nos hacen dudar de su labor. Pero lo cierto es que los sindicatos son de las pocas organizaciones con capacidad suficiente como para sacar adelante una protesta a gran escala.
La ley est・para ser cumplida, nos dicen, y es la ley la que dice que las cosas deben ser como son. Est・bien lo que la ley dice que est・bien, insisten, y eso es incuestionable. Aunque luego no hay tantos problemas para cambiar la Constituci si lo pide Europa o para endurecer las penas contra los manifestantes si la cosa se va de madre. Nos hablan del marco legal que los espales y espalas nos hemos dado. Muy bien, si es nuestro podemos cambiarlo por otro, m疽 justo y equitativo.
Es hora de gritar basta. Ha llegado el momento de convertir el murmullo en clamor. Por separado no podremos, debemos centrar nuestros esfuerzos en invertir la pol咜ica econica actual, y para ello debemos dejar claro que somos mucha gente, que somos mayor僘. Puede que no estemos en todo de acuerdo, pero s・debemos estarlo en esto. De lo contrario, el PP har・suyos todos los silencios y luego nos dir・que quienes no apoyaron la huelga estaban a favor de la pol咜ica actual. Y entonces, irremediablemente, volveremos al punto de partida.
Por eso la asamblea Verde apoya esta huelga. No es porque sea la nuestra, ni porque vaya a resolver todos nuestros problemas. Lo hacemos porque supone un paso en la direcci correcta, porque puede ser el principio de otra realidad.


