Lleve puesta una sonrisa. La misma talla
sirve para todos. (Orbens Current Comedy)
En los momentos que vivimos tendremos que arrepentirnos, no tanto de las malas acciones, de la gente perversa sino, del pasmoso silencio de la gente buena, decía Martín Luther King, Jr.
Esto debe hacernos pensar que culpar a otros de nuestras desdichas es una muestra de ignorancia, culparnos a nosotros mismos constituye el principio del saber y abstenerse de atribuir la culpa a otros o a nosotros mismos es muestra de perfecta sabiduría.
Quienes comprenden el ultimo enunciado y al mismo tiempo lo llevan a la practica, merecen ser nuestros dirigentes y deben gobernar la nave que nos lleve hacia un puerto fructífero. Al igual que tienen la obligación de desnudar la verdad para que sea entendida al completo por toda la sociedad. No es menos cierto que también tienen la obligación de guiarnos, de modo imparcial, por los senderos que más favorables puedan ser para la mayor parte de los ciudadanos.
Por el contrario si cuando gobernamos, culpamos a otros de nuestros fracasos, como ocurre en nuestro municipio, estamos dando seria muestra de ignorancia, estamos haciendo pública nuestra irresponsabilidad y estamos aireando, de forma patente, nuestra impotencia.
Y por añadidura cuando queremos coartar la libertad de nuestros oponentes, utilizando mil y un sistema demagógicos y parafarnalistas, estamos demostrando nuestra inexistente capacidad de comprensión y nuestra intolerancia ante razonamientos contrarios a nuestro modo de pensar. Es decir estamos culpando a otros de nuestras desdichas.
Nuestra mayor culpa, en esta generación, será el silencio de la buena gente. Jamás se puede demostrar la bondad con el silencio. Con el silencio se acata, se otorga, pero no se afirma. Y nuestra obligación es afirmar, abanderar los valores, defender la estabilidad y el progreso, con el mínimo riesgo posible pero nunca con el silencio.
Hemos sido los gestores de un cambio generacional de hondo calado. Hemos sido la balanza del mayor cambio político de la historia reciente y hemos sido y somos el sostén económico del país.
En los momentos de floreciente economía, ahora por algunos denostada, para ocultar su desgobierno, no supimos, por silenciarlo, propagar ni valorar los esfuerzos que conllevaba, dimos por supuesto que se conocía, por todos y cada uno de los sectores sociales, y no fue así. No se supo dar el valor exacto al bienestar alcanzado y se creyó erróneamente, por las generaciones que irrumpían, que todo nos venía dado porque sí.
Ahora, años después, tras haber pasado una gestión económica de latente calamidad, nos encontramos con que nuestra credibilidad es nula, nuestra economía deficitaria y quienes, desde el poder central, nos gobiernan no tienen el apoyo de aquellos que fueron los causantes de nuestra actual situación económica. Unos irresponsables que ahora se atreven a juzgar a quienes están en el poder menos de un año, unos irresponsables que afirman haber saldado sus errores en las urnas y que desde el primer día de no estar en el poder alientan movimientos de todo tipo contra quienes gobiernan.
Por ello desde la sensatez, desde la serenidad y desde el acatamiento de lo legislado debemos, para que nunca tengamos que arrepentirnos, hacernos oír en todas partes y que nuestra bandera sea la palabra y la voz y no el silencio.
Ernesto Pardo


