Actualitat de l´Alt Vinalopó, el Vinalopó Mitjà, l´Alcoià, El Comtat i l´Alacantí
Biar

La Cruz de la JMJ llega a nuestra vicaría IV

La Cruz de la JMJ llega a nuestra vicaría IV

El pasado lunes, 28 de febrero, llegaba la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, en barco, a Valencia. Hasta allí se acercaron un grupo de jóvenes de nuestra vicaría a recogerla y traerla a la Diócesis de Orihuela-Alicante. Desde ese momento, se disponía a pasar por 22 localidades de la provincia de Alicante. Una semana después, la Vega Baja, con una celebración masiva de jóvenes, despide la cruz y el Icono de la Virgen, y la entregan a dos jóvenes de nuestra vicaría cuarta. Concretamente de pueblo de Biar. Son ellos los que nos regalan la presencia de la Cruz y del Icono de María a nuestra vicaría, comenzando por Biar.

Así es como el 7 de marzo a las 7 de la tarde llegaba a Biar la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). Procedente de Orihuela hizo entrada en el patio de la “Casa del Marques” de Biar. La expectación era enorme puesto que se congregaron más de un centenar de niños, más de un centenar de jóvenes y una gran cantidad de personas del pueblo que decidieron acompañar a los jóvenes en su día de fiesta. Esta es la crónica del día que la Cruz de los jóvenes recorrió las calles de Biar y de Villena.

La Cruz de la JMJ que Juan Pablo II regaló a los jóvenes en 1984 sigue recorriendo pueblos, sigue sembrando esperanza, fortaleciendo la fe de aquellos que la contemplan. La Cruz peregrina cargada al hombro de un numeroso grupo de jóvenes se desplazó hacia la iglesia de Biar. Allí tuvo lugar una multitudinaria eucaristía. La Cruz fue el centro y el motivo de la celebración que concluyó con la adoración a la Cruz.

Esta Cruz vista con los ojos de la incredulidad quizás sea solamente un par de maderos cruzados perpendicularmente. Pero la Cruz adquiere vida cuando se contempla con los ojos de la fe. Cuando se mira con humildad se puede ver ahí un signo de amor. Un amor que nos hace reconocer lo que somos, que nos invita a caminar por la vida de forma peregrina, advirtiendo que la vida no es fácil, pero que merece la pena tener esperazas, que las dificultades al final siempre se vencen. Esa Cruz está vacía como símbolo de la resurrección, como símbolo del superar los pequeños problemas que día a día nos podemos encontrar. Esa Cruz está vacía para que nosotros también la podamos llevar. Pero esa Cruz, si invita a algo, es a pedir por las necesidades de los demás. Principalmente por aquellos que se encuentran en momentos de dificultan en la familia, los amigos, los compañeros de clase o de trabajo… esos otros “cristos” que comparten nuestras vidas y de los que conocemos los nombres y apellidos.

La Cruz de la JMJ quiso recorrer las calles de Biar con un vía crucis. Nuevamente los jóvenes se pusieron debajo para hacerla avanzar por un recorrido muy semejante al que se realiza en la semana santa de la población. Pero Biar quiso además ofrecer lo mejor de sí, quiso alumbrar el paso de la Cruz. Una luz que alumbra a otra Luz. A lo largo del recorrido se fueron encendiendo hogueras en cada una de las estaciones. La simbología de las hogueras puede ser interpretada de muchas maneras pero en este caso simbolizaban la fuerza purificadora del fuego, de las cenizas renace siempre la vida.

Cuando concluyó el vía crucis la cruz tomó rumbo a Villena. A las 23:00 de la noche tal y como estaba previsto hizo presencia la Cruz en el asilo. Era un poco tarde, lunes, pero los jóvenes invitados a participar en un acto único, que con total seguridad no se vuelva a repetir, se hicieron presentes. Una gran cantidad de gente abarrotaba la preciosa capilla del asilo desde donde comenzó una pequeña procesión hasta la casa de las hermanas trinitarias. La iglesia estaba repleta puesto que muchos jóvenes tuvieron que sentarse en el suelo, incluso encima del altar. Así comenzó la vigilia de oración que se alargó hasta más de las 00:30. Fue un momento de enorme encuentro con el Señor, que nos quiso regalar el sosiego de la noche para hablar. Contemplar esa sencilla cruz rodeada de tanta gente es simplemente emocionante. Los momentos se iban sucediendo, el ritmo era pausado pero lleno de paz, la gente estaba a gusto. Las palabras del sacerdote invitaron a mirar a la cruz como una oportunidad para descubrir el sentido de la vida de cada uno. Además varias personas dieron su testimonio, hablaron de cómo el encuentro con Jesús y concretamente con la Cruz les había cambiado la vida. Un joven llamado Mateo narró la experiencia de su enfermedad, un cáncer que con 14 años le hizo replantearse toda su existencia. Él no le reprocha a Dios esos momentos, puesto que gracias a esa cruz ha comprendido que seguir a Jesús y dar su vida por él merece la pena, ya no tiene miedo de mostrarse como Cristiano.

Esta Cruz la entregó Juan Pablo II a los jóvenes en el año 1984 para que la llevasen por todo el mundo. Les dijo: “Llevadla por todo el mundo como signo del Amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que solo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención”. Esta cruz estuvo ayer por nuestras calles y fue bienvenida. También nos sentimos invitados a participar este verano en la JMJ que tendrá lugar en Madrid junto a Benedicto XVI.


201