Hablamos con Joaquín Santo Matas, miembro del Consell Valencià de Cultura sobre la «Llegada de la Santa Faz a Alicante».
Según la tradición este Sagrado Lienzo, permaneció en Chipre, procedente de Jerusalén, de aquí fue trasladado a Constantinopla, y, posteriormente, a Roma. Fue un cardenal quien entregó al sacerdote Pedro Mena el sagrado Lienzo que custodiaba, recomendando su veneración y estima.
¿Cuál son los prodigios de la Santa Faz?
En la historia de la ciudad de Alicante, ha quedado constancia que el viernes 17 de marzo de 1489, con motivo de sufrir una terrible sequía, se celebró una rogativa implorando a Dios el don de la lluvia desde San Juan de Alicante hasta Alicante. Pero, al llegar a la altura del barranco de Lloixa, donde hoy está el Monasterio, el religioso P. Villafranca que llevaba el Lienzo quedó como paralizado, sintiendo un gran peso en sus brazos. Según la historia documentada de la ciudad, quienes acompañaban pudieron comprobar que del ojo derecho de la Santa Faz salía una lágrima hasta la mejilla, donde se paró. Todos clamaron: «¡misericordia!». Un noble alicantino, D. Guillén Pascual, se atrevió a tocarla, reventando dicha lágrima. Tanto le impresionó este hecho que pidió al Rey añadir a su título nobiliario: «de la Verónica». Inmediatamente enviaron un emisario hacia Alicante, quien en su camino se encontró con quien había jurado batirse en duelo hasta la muerte, pero era tal el impacto de lo sucedido, que conmovido pidió perdón y se reconciliaron, dejando constancia de este
momento en la llamada Creu de fusta (Cruz de madera), que actualmente se encuentra en el Monasterio.


