Hay poetas que guardan verdades y no las esconden; al contrario, las muestran con la felicidad con la que se enseña un tesoro de guijarros o una figura etrusca recién desenterrada por casualidad o por empeño, que es tiempo más -o menos- arena. Hay poetas que en sus versos hablan de cosas sencillas -no, de cosas sinceras, la sencillez es otra cosa- para mostrarnos los recovecos, profundos, de la vida; que hablan del silencio, de la densa miel, de las fatigas, de cicatrices de hielo, del olor del tomillo, del trébol crecido, de los alacranes, de la nostalgia, de las miradas, de días de vino rojo, de las ramas del almendro.
Hay poetas que pasean despacio, en compañía, en las mañanas recién inauguradas de Murcia; que miran lo ya visto, que en su mirada uno descubre algunas, esenciales, verdades de la poesía; de la vida y algún presagio. Hay poetas que cuando les miras a los ojos descubres, allí dentro, el ritmo, la cadencia, el equilibrio…, el susto que provoca ver tanto sonido acumulado y feliz. Envidia dan esas miradas que mucho han visto y que te miran.
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Ella, Josefina Soria, manchega y murciana, mujer de pausada apariencia y franca mirada, vivió en Villena y recibira el día 28 de marzo un homenaje de la asociación de vecinos del Paseo Chapí.
En la siguiente entrevista que ofrecemos a ustedes, miembros de la asociación de vecinos, nos comentan una actividad cultural que pretenden realizar. Avanzamos que tratan de recuperar el denominado «premio ciudad de Villena», un concurso de poesía…


