Los técnicos ya sabíamos que la victoria caería del lado demócrata porque así lo determinaban las encuestas. Hoy día los ciudadanos disponemos de más y mejor información; por tanto, ofrecer datos estadísticos precocinados no llega a buen término en los tiempos que corren. Los técnicos sabemos que una diferencia de más de siete puntos, la mínima ventaja que se le suponía a Barack Obama en alguna consulta pública, era diferencia suficiente para ganar; a pesar del supuesto efecto Bradley, que ha ido perdiendo adeptos en los últimos años, como bien ha quedado demostrado en las elecciones americanas de ayer.
Ahora sólo queda el trámite del Congreso para que se proceda al momento histórico de elegir a un candidato afroamericano como líder del país más poderoso del Mundo. El Ku Klux Klan ya puede ir recogiendo velas y tomar las de Villadiego, por aquello de que donde las dan las toman.
¿Y luego qué?, pues nada, más de lo mismo. Las grandes multinacionales y los propietarios del entramado financiero internacional, muchos de los cuales han apostado aportando dinero por el candidato demócrata, a lo suyo: invertir, o no, y ganar mucho más si cabe.
¿Y la bajada de impuestos para los trabajadores y las capas más desfavorecidas?, pues habrá que verlo, ya que se antoja en la práctica imposible bajar los impuestos al noventa y nueve por ciento de la población yanqui, en el país carismático del gran capital; cuyos trabajadores vienen a ser los súbditos de antaño aunque, eso sí, sin derecho de pernada; bueno depende de cómo se mire.
¿Y el futuro?, para España bien, gracias. La llegada de Obama al poder desbloqueará la manía persecutoria de Bush, de quien habría que rebuscar entre sus recónditos intereses para conocer si los propios de las grandes empresas españolas se entrecruzan, de alguna manera, con los suyos; más que nada por si el tema de la banderita de las barras y estrellas por la que no se levantó ZP no fuera exactamente culpable de la aversión del yanqui hacia todo lo español, o parte del todo ya me entienden.
Lo que sí está claro es que se abre una nueva época y que hay una oportunidad histórica de darle un soplo de esperanza a la paz, a un mundo mejor y menos desigual. Obama ha subido al Olimpo gracias a la esperanza, esperemos que no nos defraude; porque al fin y al cabo es quien manda. Por una vez, esperando que sirva de precedente en Estados Unidos y en el Mundo, la esperanza ha vencido al miedo.
Francisco Roldán Castro
Pte. de la Asociación Española de Consultores Políticos


