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Villena

50 años de Troya en Villena

Fernando Ruescas, cronista actual de la Comparsa de Estudiantes de Villena, rememora los albores de La Troya. Su historia comienza en 1950, cuando la comparsa, necesitada de reavivar su fuerza juvenil, se inspiró en las barracas de las Hogueras de Alicante. Así nació la primera “barraca” festiva, inspirada en La casa de la Troya, novela de Pérez Lugín, y respetando el nombre, evolucionó a “La Troya” tal cual la conocemos hoy. 

Sin embargo, los bailes de los Estudiantes ya tenían antecedentes festivos. En los años veinte se celebraban “Capitanías” con vino, dulces y música en la calle La Leona, y desde finales de los años cuarenta se hicieron en una bodega en la calle Ferriz y Santa María de la Cabeza decorada con símbolos patrios

Crisis, fama y permanencia

En 1958, la apertura libre con invitación generó caos por aforo excesivo: se cerraron las puertas a la una de la madrugada, después abrieron cobrando entrada—uno o dos duros—y desató protestas e incluso lanzamiento de botellas. A pesar de ello, la decisión resultó en un aumento notable de socios, lo que fortaleció la comparsa gracias también a la dedicación de Enrique Hernández.

Durante más de veinte años, La Troya fue itinerante: locaciones como solares, el Cine Imperial, el mercado El Rollo, distintos patios y huertos, incluso hasta 1973. En ese año se compró la antigua piscina y, en 1975, se inauguró el recinto que aún hoy alberga las fiestas de la Troya.

La época dorada

Los años ochenta marcaron el esplendor de La Troya: reformas que la consolidaron como el epicentro festivo. Surgieron los “Estudiantes troyeros” gracias al auge de la sala, con noches interminables que llegaban hasta el amanecer, dos pistas abarrotadas, una para jóvenes, otra para mayores, y autobuses que traían visitantes desde fuera.

La «hermana» pequeña: La Troyica

Fernando también destaca el nacimiento de La Troyica, en 1959, como alternativa más íntima tras los incidentes del año anterior. Inicialmente ubicada en la calle Joaquín María López, edificio “La Maja”, con decoración humorística de Blas y la orquesta Serenade, ofrecía un ambiente más controlado.

Con los años, la comparación entre ambas salas se hizo evidente: La Troya marcó el ritmo de las noches festivas; La Troyica, con su sede adquirida en 1988 en Plaza de las Malvas – y posteriormente ampliada con un patio festero –, se consolidó como centro administrativo, museístico y de convivencia.

Reflexiones del cronista

Ruescas destaca cómo cada reformulación de ambas salas reflejó la evolución social y normativa. Lo que fue un hervidero de noches alborotadas ha cedido paso a vivencias festivas adecuadas a los tiempos, pero siempre vibrantes. La Troya sigue siendo un símbolo festivo y generacional, mientras La Troyica alberga la memoria y el presente cotidiano de la comparsa.


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