El barrio de El Rabal de Villena vivió una de sus jornadas más especiales con la celebración de sus tradicionales fiestas en honor a San José, marcadas por la emoción, la convivencia y el arraigo a unas costumbres que pasan de generación en generación.
La tarde comenzó con uno de los momentos más entrañables, la presentación a los más pequeños de los nuevos compañeros de los cabezudos. Las sonrisas y la ilusión de los niños llenaron la Plaza de Biar, donde después se compartió una chocolatada con bollos que reforzó ese ambiente familiar tan característico del barrio.
Al caer la noche, el sonido de la traca anunció uno de los actos más simbólicos: el encendido oficial de la hoguera en la Plaza de Biar. Este año, el fuego fue iniciado por un nuevo cabezudo, acompañado por su padrino, en un gesto cargado de significado que simboliza la continuidad de la tradición.
A continuación, el barrio se llenó de vida con el pasacalles junto a gigantes y cabezudos, acompañados por la banda de música, antes de dar paso al esperado espectáculo de correfuegos. Las calles de El Rabal se iluminaron con chispas y emoción, en una noche que volvió a reunir a vecinos y visitantes en torno a la fiesta.
La jornada siguiente comenzó temprano, con la diana y despertà recorriendo las calles del barrio y anunciando un nuevo día festivo. La Santa Misa en honor a San José reunió a los fieles en la ermita en un acto de recogimiento y tradición.
Después, el almuerzo de hermandad en La Tercia volvió a poner de manifiesto el espíritu de unión que define a estas fiestas. Y como colofón, vecinos, banda de música, gigantes y cabezudos se desplazaron hasta el Asilo de Ancianos para compartir la celebración con sus residentes, en un gesto que refleja el carácter solidario y cercano de El Rabal.
Un año más, las fiestas de El Rabal demostraron que más allá de los actos, lo verdaderamente importante es el sentimiento de pertenencia, la memoria compartida y la emoción de seguir manteniendo vivas las tradiciones.







