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Monòver

El recogimiento y la devoción marcan el Miércoles Santo en Monóvar

Monóvar ha vivido esta noche una de las jornadas más solemnes de su Semana Santa con la procesión del Miércoles Santo, protagonizada por las imágenes de Nuestra Señora de la Soledad y Nuestra Señora de los Dolores, en una noche donde la emoción, el silencio y la tradición han vuelto a recorrer cada rincón del municipio.

Desde la parroquia, ambas imágenes han salido acompañadas por sus respectivas cofradías, nazarenos, mantillas y fieles, en una procesión cargada de simbolismo y profundamente arraigada en la historia local.

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, una de las más antiguas de la localidad, fue fundada en 1943, consolidándose desde entonces como una pieza clave de la Semana Santa monovera y participando activamente en las principales procesiones .

Por su parte, la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, fundada en 1946, ha ido creciendo hasta convertirse en una de las más numerosas y participativas, manteniendo viva la devoción y el compromiso de cientos de cofrades .

Ambas , unidas cada Miércoles Santo, representan una de las estampas más tradicionales de la Semana Santa de Monóvar.

La procesión ha transcurrido en un ambiente de profundo respeto, donde el sonido de los tambores, el incienso y la luz de los cirios han envuelto las calles en una atmósfera única.

Las imágenes, portadas con solemnidad, han avanzado entre la emoción contenida del público, que ha acompañado el recorrido en silencio, creando una escena cargada de espiritualidad.

El Miércoles Santo en Monóvar es una muestra clara del arraigo de la Semana Santa en la localidad, donde generaciones de cofrades mantienen viva una tradición que combina fe, historia y sentimiento.

Nazarenos, mantillas y portadores han vuelto a ser parte esencial de una procesión que no solo se contempla, sino que se siente.

Con esta jornada, Monóvar continúa adentrándose en los días centrales de su Semana Santa, reafirmando una identidad colectiva que se transmite año tras año.

Porque esta noche, más que una procesión, Monóvar ha vivido una emoción compartida, sostenida por décadas de historia y por la devoción de todo un pueblo.


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