Las Fiestas de Moros y Cristianos de Elda llegaron este lunes a su fin tras una intensa jornada en la que la tradición, la pólvora y la devoción volvieron a ser protagonistas en las calles de la ciudad.
La mañana comenzó con la celebración del Segundo Alardo de Arcabucería, uno de los actos más característicos de las fiestas. Desde primera hora, los disparos de pólvora resonaron por diferentes puntos del recorrido festero, protagonizados por los comparsistas de ambos bandos en una demostración de tradición y espectacularidad.
Posteriormente tuvo lugar la Estafeta y Embajada Cristiana, uno de los actos centrales de la jornada. Tras la correspondiente batalla de arcabucería y el tradicional enfrentamiento dialéctico entre embajadores, el bando cristiano logró recuperar simbólicamente el castillo, culminando así la reconquista cristiana. El acto finalizó con el desfile triunfal del bando vencedor, que recorrió las calles de la ciudad entre los aplausos del público asistente.
Ya por la tarde, la emoción se trasladó al ámbito religioso con la solemne Procesión de San Antonio Abad. La imagen del patrón partió desde la iglesia de Santa Ana acompañada por autoridades, representantes de las comparsas, cargos festeros, bandas de música y numerosos vecinos que quisieron participar en uno de los actos más emotivos de las celebraciones.
El recorrido procesional atravesó algunas de las principales calles de la ciudad hasta regresar a la Plaza de la Constitución. Allí, una vez concluida la procesión, tuvo lugar uno de los momentos más simbólicos de las fiestas: el traslado de la imagen de San Antón de regreso a su ermita, poniendo fin a varios días de fervor, tradición y convivencia festera.
La jornada concluyó pasadas las diez de la noche con el disparo de una gran alborada pirotécnica que iluminó el cielo de Elda y sirvió como broche final a las fiestas de 2026, una edición especialmente histórica tras la reciente declaración de los Moros y Cristianos como Fiesta de Interés Turístico Internacional.
De esta manera, Elda cerró unas celebraciones marcadas por la alta participación, el ambiente festero y el orgullo de una ciudad que ha vivido con intensidad unas fiestas que continúan consolidándose como una de las grandes referencias festivas de la Comunitat Valenciana.







