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Villena

Las manos que cuidan a la Morenica: conocemos de cerca la labor de las camaristas de la Virgen de las Virtudes

Nos adentramos en el trabajo discreto y minucioso de las mujeres encargadas de cuidar, vestir y preparar a la patrona de Villena, una responsabilidad marcada por la tradición, la devoción y el vínculo personal con la Virgen

Hay trabajos imprescindibles para las Fiestas de Villena que rara vez ocupan el primer plano. Se realizan lejos del bullicio de las calles, con paciencia, delicadeza y una enorme responsabilidad. Es el caso de la labor de las camaristas de Nuestra Señora María de las Virtudes, las mujeres que están detrás del cuidado y preparación de la Morenica.

A pocos días de que Villena vuelva a vivir intensamente sus Fiestas de Moros y Cristianos, nuestro reportaje entra en ese espacio mucho más íntimo para conocer quiénes son las camaristas, qué significa asumir esta responsabilidad y qué trabajo existe detrás de cada aparición de la patrona ante los villenenses.

Su cometido no consiste únicamente en vestir la imagen. Las camaristas participan en su cuidado, en la preparación de los diferentes elementos que la acompañan y en conseguir que todo esté dispuesto para los momentos más importantes del calendario religioso y festero. Reportajes realizados en años anteriores ya mostraban esa labor de adecuación, custodia y preparación que desarrollan alrededor de la Virgen.

Mucho más que vestir a la Virgen

La preparación de la Morenica exige tiempo, coordinación y, sobre todo, un cuidado extremo. Cada elemento tiene su lugar y detrás de aquello que posteriormente contemplan miles de personas existe un trabajo que normalmente se desarrolla fuera de la mirada del público.

Pero ser camarista tiene también una dimensión emocional difícil de explicar únicamente a través de sus funciones.

La Junta de la Virgen ha recogido durante los últimos años testimonios de nuevas camaristas como Adelaida Egea, Virtu Gandía, María Cristina Menor o Leo Micó, que han hablado públicamente de las motivaciones, sentimientos e ilusión que supone asumir esta responsabilidad dentro de la entidad.

Nuestro reportaje busca precisamente acercarse a ese lado más personal: qué se siente cuando se está a solas ante la patrona, cómo se aprende una labor tan delicada y qué significa formar parte de una tradición profundamente arraigada en Villena.

El camarín, un espacio especial

Buena parte de esa relación se desarrolla en uno de los rincones más singulares del Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes.

Situado a unos siete kilómetros de Villena, el Santuario alberga un camarín barroco del siglo XVIII, decorado con estucos y pinturas en las que aparecen diferentes alegorías marianas. Es allí donde la cercanía con la imagen adquiere una dimensión muy distinta a la que perciben los miles de personas que acompañan a la Virgen durante los grandes actos públicos.

Las camaristas conocen de primera mano detalles que para muchos villenenses pasan inadvertidos: la preparación de la imagen, sus elementos ornamentales, los cuidados necesarios y ese ritual pausado que precede a los grandes momentos de la Morenica.

Su actividad tampoco se limita a los días de septiembre. La Junta de la Virgen informaba este mismo verano de que las camaristas son las encargadas de atender los domingos la tienda de recuerdos situada en el claustro del Santuario, otra de las tareas que refleja su implicación cotidiana con la asociación y con la patrona.

Una tradición transmitida entre generaciones

La figura de las camaristas forma parte desde hace décadas de la historia que rodea a la Virgen de las Virtudes. Incluso la documentación histórica sobre la actual imagen, realizada después de la Guerra Civil, recoge la participación de las camareras de la época en decisiones relacionadas con su aspecto.

Esa continuidad ayuda a comprender por qué ser camarista no se vive simplemente como una función dentro de la Junta de la Virgen. Existe detrás un componente de transmisión, aprendizaje y compromiso que conecta a diferentes generaciones de mujeres con una de las tradiciones más arraigadas de Villena.

Y todo ello cobra una dimensión todavía mayor cuando llega septiembre.

Con la patrona convertida en uno de los grandes centros emocionales de las Fiestas de Moros y Cristianos, el trabajo realizado previamente deja de permanecer oculto. Cada detalle que contemplan los villenenses durante esos días ha pasado antes por unas manos encargadas de prepararlo cuidadosamente.


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