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«Crisis Migratoria», artículo de opinión de Gonzalo Trespaderne Arnaiz

CRISIS MIGRATORIA.

Mohamed VI es el monarca más rico de África, con una fortuna estimada de 5000 millones de dólares. Posee, entre otras propiedades, 12 palacios reales (que requieren mantenimiento constante con miles de empleados), 600 coches de lujo y un yate valorado en 90 millones de euros. Ha convertido el Mundial de fútbol de 2030 en una prioridad nacional, proyectando la construcción de instalaciones como el estadio Hasan II en Casablanca (el más grande del mundo), cuyo coste rondará los 1000 millones de euros.

Sin embargo, la última vez que estuve en Marruecos, hace un par de años, en las zonas rurales, pero también en ciudades como Fez o Marrakech, volví a ver, como una década y dos antes, a la gran mayoría de la población viviendo en condiciones de pobreza.

Por eso entiendo que, sobre todo los más jóvenes en ese país, quieran huir de su autocracia y alcanzar un futuro mejor, al menos en lo que se refiere a los aspectos económicos, creyendo que eso pasa por conseguir habitar en España u otro sitio de Europa. Y me duelen las muertes de quienes intentan llegar a nuestras costas en pateras o cruzar la frontera a nado. Y pienso a menudo en el sufrimiento que debe suponer vivir durante semanas en las calles o las playas de una ciudad a la que han llegaron en avalancha, probablemente engañados acerca de lo que iban a encontrarse; sin techo o un plato de comida garantizado cada día; con problemas de salud en bastantes casos y alto riesgo de ser víctima de la violencia que suele desatar la necesidad (sobre todo los más vulnerables).

Pero también me pongo en la piel de los ceutíes, que han visto cómo su ciudad se convertía de la noche a la mañana en escenario de asentamientos tercermundistas o campamentos y centros de acogida improvisados en los que solo caben, por lo pronto, 6000 de las 13.000 personas que no quieren volver a su lugar de origen.

El presidente de la Comunidad autónoma de Ceuta y la Policía Nacional allí desplegada, no dejan de advertir que la situación es de mucha inseguridad y resulta insostenible.

El pasado jueves 17 de septiembre, el Parlamento europeo aprobó una Resolución que reclama la devolución inmediata de los migrantes en Ceuta y el blindaje de la frontera.

Mientras, el Gobierno de España, exculpa al Gobierno marroquí de la entrada masiva del 30-31 de julio, afirma no haber podido preverla y, con arreglo a nuestra legislación vigente, está llevando a cabo un proceso de tramitación y valoración individualizada de expedientes de solicitud de permiso de residencia, que puede prolongarse durante varios meses, requiriendo a las demás comunidades autónomas colaboración en la acogida de un millar de menores.

Los partidos de la oposición insisten en que, con quien han de estar los niños y niñas es con sus familias, y que a los adultos deben ser tenidos como invasores (con la connivencia de las autoridades de allí y de aquí).

Todo lo anterior puede considerarse una simplificación aventurada de un asunto ciertamente grave.

Seguramente, hay otros parámetros importantes que deberían adjuntarse, e intereses políticos, económicos, geoestratégicos, etc. que desconocemos.

Ante semejante situación conviene, como siempre que nos encontremos con un problema que, por su trascendencia, puede afectar a la convivencia de manera notable, pararnos a reflexionar . Hemos de recabar información lo más objetiva a nuestro alcance, valorarla detenidamente, estar atentos a las decisiones que toman nuestros representantes institucionales, exigirles máxima responsabilidad, y actuar en consecuencia. Paralelamente, confío en que vamos a hacer gala de gran Humanidad.

Gonzalo Trespaderne Arnaiz


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