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Monastil ganó al rugby pero perdió el partido

Monastil ganó al rugby pero perdió el partido

El Monastil Rugby Elda afrontaba su segundo partido en la vecina localidad de Villena el pasado sábado.

Todo apuntaba a épica: frío villenero, rival experto pese a su paradójica juventud, césped natural y bajas significativas. ¿Y qué? Los eldenses por una vez no fueron los romanos, sino que resistieron como la aldea de Astérix a los envites de las circunstancias gracias a la poción mágica compuesta a partes iguales de orgullo y ganas, pero también de buen juego. Remamos bien contracorriente, y si a los eldenses les faltaba de inicio su foco irradiador de juego y ánimos, nuestro capitán y apertura titular Miky Feliu, no importaba: ahí estaban Cristian Gambín y Alejandro Crespo, el uno para mandar y el otro para ordenar. Espectacular el partido de ambos, especialmente el del señor Crespo, quien en una posición desconocida supo sacar un extraordinario partido a su línea desde el 10, por no hablar de su increíble juego a palos con su pie, perdón, con su guante. Comenzó el encuentro con largas posesiones en juego cerrado de Monastil Rugby Elda, dominando en todas las fases y sometiendo a terrible desgaste a la delantera rival, pero que a nadie se le olvide que todavía pesa demasiado la inexperiencia, y si a alguien se le olvida, está claro que al rival no, y sin apenas darnos cuenta y sin que el rival contara con balones, nos vimos con dos ensayos abajo, puesto que Rugby Cooperativo (Villena, Alicante y Muro) aprovechó dos balones y fallos graves de placaje para conquistar dos veces la zona de marca eldense. Dos duros golpes que podían haber hundido a los nuestros ya que el marcador no reflejaba lo sucedido en el campo. 14-0, ¿y qué? Somos de Elda, y tal vez las humedades del Vinalopó nos dé a dosis de inconsciencia o cabezonería, pero es lo que hay, y lo que hubo fue una maravillosa jugada de la línea que aprovechó el segundo centro Raúl Marco para lograr el primer ensayo de los eldenses (ad maiorem Monóvar gloriam), transformado por Alejandro Crespo, igual que haría poco después con un golpe de castigo. 14-10. La cosa se acercaba al concepto universal de justicia, pero sólo se acercó, porque al descanso se llegó con un 21-10 por otro ensayo rival, exactamente igual que los dos anteriores.
21-10, ¿y qué? Las sensaciones (y la posesión) eran nuestras; ¿adversidades? ¿qué es eso? Pues por ejemplo quedarnos sin dos primeras líneas titulares (Juaki Valero y David Íñiguez), perfectísimamente sustituidos por Fran Gómez, nuestro presidente, quien estuvo perfecto en su puesto de pilier izquierdo, o el talonador petrerí José Carrillos, quien dio fe de su autoproclamado título de mejor jugador del mundo. También abandonó el campo en el descanso Adri Valero, quien regresaba a un XV inicial tras dos años de travesía en el desierto a causa de una gravísima lesión, así como Pedro Tendero, siendo sustituidos por Miky Feliu, quien respetó el 10 de Crespo y se enfundó el 12, y por Raúl González, debutante como ala cerrado, aunque viéndolo en el campo, pareciera que había nacido con el 11 en la espalda y el placaje en el corazón. Pese al resultado y las adversidades las sensaciones eran nuestras; el balón, también, y es que durante todo el partido el dominio en las fases estáticas de conquista del Monastil fue brutal, tanto en touch como en melé (no tenemos melier, ¿y qué?, tenemos calidad). Parece que esto de entrenar sirve para algo. Comenzó el segundo tiempo, y éste fue un maravilloso intercambio de golpes (y no todos metafóricos), un rugby de calidad, del que se ve por la tele. Tras el intensísimo comienzo, el marcador reflejaba un 28-24, anotando el rival un ensayo fotocopiado de los tres anteriores, mientras que el señor Miky Feliu y el señor Javi Gandía aprovecharon los huecos generados por la brillante delantera eldense para anotar dos ensayos más, transformados por Pierna de Seda Crespo. Pero no estamos para cuentos de hadas, y al final el resultado fue de 45 a 24. ¿Y qué? El público asistente no recordará el resultado sino los drives de nuestro capitán Cristian Gambín, la ubicuidad teresiana de Sergio Poveda, los placajes (¡¡¡ABAJO!!!) de Josele Pina, el mando desde el 8 de Fran Mira, la capacidad voladora de Jorge Martínez en las touches, los serpenteos de Gabi Justamante en ataque, el rigor al mando de la delantera de Eneko Chorro desde el 9, o el debut de Ernesto o los expertos minutos de Óscar Posadas, quien al parecer no se retirará jamás. Si se gana, mejor, pero aquí estamos para divertirnos y a fe que lo hicimos. Nos olvidamos de juego sucio (en ningún sitio del reglamento de la World Rugby dice que en un ruck se puede morder o que se pueda entrar con el codo), Monastil no es así; nos pegan, ¿y qué? Tenemos poca experiencia pero muchos valores, cosa que demostramos en el campo.
Claro que hubo errores, algunos graves, pero eso lo arreglaremos en el vestuario. Ya empiezan a temernos. Esto no es fácil; pero tampoco lo es para los rivales. Pudo ser cualquiera, pero el man of the match fue Sergio Poveda.

Por el MONASTIL jugaron: PRIMERAS: Juaki Valero (Fran Gómez), David Íñiguez (José Carrillos), Cristian Gambín -capitán- (Óscar Posadas); SEGUNDAS: Sergio Martínez y Josele Pina; TERCERAS: Sergio Poveda -MAN OF THE MATCH- , Javi Gandía y Fran Mira; MEDIOS: Eneko Chorro y Alejandro Crespo; CENTROS: Adri Valero (Señor Miky Feliu) y Raúl Marco (Ernesto Abad); ALAS Y ZAGUERO:Pedro Tendero (Raúl González), Isma Boudiaf y Gabi Justamante.


201