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Alacant

Donde la enfermedad se detiene y los sueños continúan: el aula que devuelve la infancia en el Hospital Dr. Balmis

Entre habitaciones blancas, silencios largos y miradas llenas de incertidumbre, existe un lugar donde la enfermedad se toma un respiro. Un espacio pequeño, pero inmenso en significado. Es el aula de la Unidad Pedagógica del Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante, un rincón donde los niños y niñas ingresados vuelven a sentirse, por un momento, simplemente eso: niños.

Hasta allí nos desplazamos para realizar un reportaje cargado de emoción, acompañados por las personas que dan vida a este servicio tan esencial como invisible. Sus trabajadores y su coordinadora, Marisa, nos abrieron las puertas no solo del aula, sino también de un proyecto que late con vocación, paciencia y una enorme humanidad.

Porque aquí no solo se enseñan matemáticas o lengua. Aquí se enseña a seguir adelante. Cada día, el equipo educativo adapta contenidos, horarios y actividades al estado físico y emocional de cada menor, convirtiendo los libros, los colores y los juegos en una vía de escape, en una rutina que devuelve normalidad en mitad de la incertidumbre.

Los verdaderos protagonistas, los niños y niñas usuarios de la Unidad Pedagógica, nos regalaron algo que no se aprende en ningún manual: sus historias. Historias de ingresos largos, de tratamientos difíciles, de días buenos y días malos. Pero también historias de valentía, de sonrisas sinceras, de ganas de aprender y de no rendirse. Algunos nos contaron que venir al aula les hace olvidar por un rato dónde están. Otros, que es el momento más esperado del día. Todos coincidieron en algo: aquí se sienten acompañados.

Marisa nos explicó que el aula es un puente con la vida que les espera fuera, una forma de no romper el hilo con su colegio, con sus amigos, con su futuro. Porque cuando un niño enferma, la enfermedad no debería llevarse también su infancia, su educación ni su ilusión.

La pedagogía hospitalaria no cura enfermedades, pero cura emociones. Refuerza la autoestima, combate el aislamiento y aporta esperanza en momentos en los que todo parece detenerse. En este aula se aprende, sí, pero sobre todo se escucha, se abraza y se comprende.

Al salir, uno entiende que este espacio no es un complemento, sino una necesidad. Porque mientras haya un niño aprendiendo entre batas y sueros, habrá una razón para creer que incluso en los momentos más duros, la infancia siempre encuentra la manera de abrirse camino.


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