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Alacant

RAFAEL PALMERO RAMOS
OBISPO DE ORIHUELA-ALICANTE. LOS RENGLONES TORCIDOS DE DIOS Navidad 2009 – Año Nuevo 2010

Dice nuestro refranero que «Dios escribe recto con renglones torcidos». Es una verdad constatable al estudiar y conocer el árbol genealógico de Jesús. Nada que ver con lo que hoy significa para nosotros la genealogía: escarbamos con frecuencia en nuestro pasado, por ver si encontramos en nuestra familia ascendientes ilustres, notables por su saber o por el cargo que ostentaron, o para evidenciar parentescos con casas de abolengo y noble cuna. Nada que ver, repito, con los renglones torcidos que Dios escribe con su mano, que es el Espíritu Santo, para sacarnos de nuestras casillas, es decir, de nuestros proyectos y planes, de nuestros caminos, que no son los caminos de Dios, deseoso de orientar nuestros pasos.

Es el modo con que Dios actúa. Él nunca se fija en las apariencias, cala el corazón de cada uno. Así va tejiéndose la historia de la salvación. Es como un tapiz del que, muchas veces, sólo vemos la parte de atrás: una trama sinsentido, hebras que se entrecruzan sin una aparente lógica, colores difuminados, sin armonía ni trazos definidos… Pero si damos la vuelta al tapiz, descubrimos una hermosa obra de arte, y advertimos que Dios actúa en la historia, en nuestras pequeñas historias de cada día; es el mismo Dios que acompaña al pueblo elegido, al pueblo de la promesa; el mismo que cumple su palabra y ahora la corrobora al entregarnos, como prueba de su amor, a Jesús, su Hijo amado.

El álbum familiar de Cristo nos recuerda que Él fue hombre –no se disfrazó de hombre–, y lo fue plenamente, sin componendas, sin privilegios ni atenuantes.

El misterio de la Navidad nos enseña, entre otras muchas cosas, que Dios quiere contar con nuestro barro, con nuestra pequeñez, con lo poco que podamos ofrecerle para hacer grandes maravillas, pues sólo en nuestra debilidad se manifiesta claramente su fuerza y su poder.

¿Acaso necesitaba Jesús aquellos cinco panes y dos peces para obrar el milagro de la multiplicación? Seguro que no. Aquél por quien todo fue hecho, pudo haber sacado el alimento de debajo de las piedras. Pero prefirió contar con el muchacho que ofreció lo poco que poseía (cf. Jn 6,9). Jesús nos pide muy poco y, a cambio, nos devuelve el ciento por uno. ¿Qué estamos dispuestos a ofrecerle nosotros, en esta Navidad? Acerquémonos a Él y a los hermanos que sufren o pasan hambre, como hicieron los pastores acudiendo a Belén, para que el Nacimiento del Salvador sea la Buena Noticia para todos, hombres y mujeres.

Gozosa y feliz Navidad

 Rafael Palmero Ramos Obispo de Orihuela–Alicante


199