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Artículo de opinión sobre la píldora del día después de D. Pedro Sánchez Alarcón en www.intercomarcal.com

Descargar el archivo adjunto original *LA PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS. UN ACTO DE INCOHERENCIA* Permitan que me presente. Soy Pedro Sánchez Alarcón, de 32 años, casado y padre de dos niños de 3 años y medio y 2 respectivamente. Vivo en un magnífico municipio, Sax, ubicado en la provincia de Alicante. Ejerzo mi profesión en una oficina de farmacia, siendo actualmente uno de los farmacéuticos titulares de dicho municipio. Tengo una vida laboral de 9 años, de los cuales 7 lo he hecho en calidad de farmacéutico adjunto, durante estos años he ido adaptando el servicio de la oficina de farmacia a lo que la legislación y las necesidades sociales han ido dictaminando. Me considero una persona privilegiada, porque tengo una familia maravillosa, trabajo en un área que me encanta y me llena, y estoy rodeado de un maravilloso grupo humano. Debido a mi actividad profesional, diariamente tengo la gran suerte de trabajar para y por los demás, colaborando estrechamente con los profesionales sanitarios médicos para tratar de resolver los distintos problemas de salud que los pacientes van refiriendo. Estos problemas de salud son muy variados y principalmente han sido diagnosticados previamente. Como farmacéutico que soy, formo parte del Sistema Nacional de Salud. Por tanto, yo, como farmacéutico, profesional sanitario, tengo la obligación y el deber de cumplir la legislación vigente. Actualmente un farmacéutico tiene el deber de dispensar toda especialidad farmacéutica que venga prescrita por un médico facultativo y si no la tiene en ese momento en stock, tiene la obligación de solicitarla lo antes posible para ponerla a disposición del paciente. Centrándonos en el tema que nos ocupa, la píldora del día después, quisiera exponerles las razones por las que estoy en total desacuerdo con las medidas legislativas que se han adoptado recientemente por parte del gobierno actual; que como bien saben ustedes, permiten que la píldora del día después pueda ser adquirida por adolescentes a partir de los 16 años sin necesidad de prescripción médica, es decir, sin control alguno. La píldora, según la ficha técnica de la AEM (Agencia Española del Medicamento), “es un comprimido de levonorgestrel que está indicado como anticonceptivo de urgencia dentro de las 72 horas siguientes a haber mantenido relaciones sexuales sin protección o al fallo de algún método anticonceptivo. Para obtener una mayor eficacia, el tratamiento debe iniciarse lo antes posible. Se desconoce si tiene algún efecto negativo sobre la capacidad de conducir y usar máquinas. Entre sus reacciones adversas, cabe destacar: * Muy frecuentes (se manifiestan en más del 10 % de los casos): el sangrado, el retraso de la menstruación, menstruaciones abundantes, cefaleas, mareos, dolor en hipogastrio, náuseas, fatiga * Frecuentes (se manifiestan en menos del 10 % de los casos y más del 1%): diarreas, vómitos” Por otra parte, y según la AEM, “no se conoce el mecanismo de acción preciso del levonorgestrel. A las dosis recomendadas se piensa que el levonorgestrel tiene su mecanismo principal evitando la ovulación y de esta forma impidiendo la fertilización si la relación sexual ha tenido lugar en la fase preovulatoria, que es el momento en el que la posibilidad de fertilización es más elevada. También puede producir cambios endometriales que dificultan la implantación”. Dicho lo cual, quiero manifestar mi gran desacuerdo con la nueva normativa. Me parece un acto *irresponsable* e *incoherente* del gobierno. *Irresponsable* porque se deja al alcance de adolescentes de 16 años una “bomba hormonal”, de la que desconocen su composición, sus efectos secundarios, interacciones, reacciones adveras (me remito a las expuestas anteriormente), etc y además, puede tener unas consecuencias saludables, físicas y psicológicas irreparables. *Incoherente* porque a día de hoy toda especialidad farmacéutica ética no publicitaria precisa prescripción médica para ser dispensada. Todas las oficinas de farmacia estamos obligadas a solicitar prescripción médica al paciente, cuando éste quiere adquirir analgésicos, antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos, hipoglucemiantes, hipolipemiantes, antihipertensivos, anticonceptivos orales, antibióticos (el Ministerio ha hecho varias campañas sobre el uso racional de antibióticos para impedir la automedicación), etc y en cambio, no es obligatoria la prescripción médica para un tratamiento hormonal, del cual se desconoce su mecanismo principal de acción y que tiene unos efectos adversos que se manifiestan muy frecuentemente, en más del 10 % de los casos. Perdonen, pero no lo entiendo. No puedo entender lo incomprensible. Por otra parte, y en mi humilde opinión, la píldora del día después es un ejemplo clarísimo del dicho “matar moscas a cañonazos”, ya que en lo que debemos hacer un gran esfuerzo y empeño es en poner a disposición de la ciudadanía los medios técnicos y humanos necesarios para impartir una correcta *educación sexual*. Si la ciudadanía estuviese correctamente formada sobre los distintos métodos anticonceptivos existentes hoy día, su funcionamiento, su posología, su uso, sus reacciones adversas, etc, la incidencia en el uso de métodos abortivos sería muchísimo menor. El gobierno, con la modificación de la ley, pretende que los farmacéuticos, cuando un paciente venga a nuestras oficinas de farmacia a por la píldora del día después, se la dispensemos proporcionándole una información exhaustiva de los métodos anticonceptivos que existen, así como de los riesgos que tiene la píldora que le vamos a suministrar si se administra de forma continuada y reiterada, es decir, si se adopta como método anticonceptivo habitual. ¿No es más lógico que esa información la reciba un paciente antes, y de esa forma, evitaremos cientos de casos de uso de la misma?. ¿No es más lógico recibirla antes para evitar las posibles consecuencias inmediatas que se derivan de su uso (aumento de enfermedades de transmisión sexual y graves problemas de salud para los pacientes que la tomen de forma reiterada)?. Como diría todo buen sanitario “más vale prevenir que curar”. Espero que el gobierno actual recapacite y rectifique al respecto porque como cualquier otro sanitario estoy muy preocupado por la salud de mis pacientes.

Pedro Sánchez Alarcón Farmacéutico titular. Cristiano católico.


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