El seguimiento a lo largo de todos estos años arroja un balance positivo. El proyecto se diferencia, así, de otros muchos que por falta de perseverancia no llegan a ver los resultados pretendidos
Un equipo médico de los hospitales de Elda, Villa Joyosa y la clínica Fernández del Cotero de Santander viaja al país africano República Togolesa durante una semana para realizar operaciones, evitando en los 8 años que se repite la expedición, numerosas causas de ceguera habituales en la región de la Sabana, como son las cataratas, el pterigium o el glaucoma; un proyecto financiado por Rotary Club Elda-Vinalopó y la Fundación Fernández del Cotero. Tras largas e intensas jornadas de trabajo, el equipo vuelve a España exhausto pero reconfortado, y por más veces que ha repetido la experiencia, aturdido por la intensidad de lo vivido y sobrecogido por lo que queda por hacer.
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Un saldo de 90 operaciones, en su mayoría de cataratas y pterigium y 500 consultas hospitalarias, más 607 itinerantes, en las que se detectan enfermedades oculares como el tracoma -una palabra que significa ceguera y que se combate con una dosis de azitromicina-, además de graduaciones y prevención de otras posibles causas de pérdida de visión, que con el tiempo abocan a la oscuridad más profunda a quienes las padecen, es el resultado obtenido por el equipo de médicos, optometristas y personal sanitario en su octava expedición a Togo, un país donde sus habitantes ocultan su dolor, mudo e imperecedero, bajo el paraguas de puestas de sol de belleza sin par. Cabe destacar que a lo largo de 7 años y 9 expediciones, se han operado unas 1.400 cataratas, se han tratado 2.000 casos de tracoma y se han entregado más de 1.000 gafas, otro tipo de ceguera que por lo poco espectacular apenas se tiene en cuenta.
Después de dos largos días de viaje, el primero en avión Madrid- París, París Burkina Faso, y el segundo en camionetas africanas, Burkina- Togo- Dapaong, una de las zonas más deprimidas del país, situada al norte -si es que cabe o es lícito hacer comparaciones entre norte y sur cuando el objeto es el hambre y la enfermedad-, la expedición aterriza en el hospital español de Dapaong, un centro construido en el año 2002 con fondos del Gobierno de Cantabria. La forman los vecinos de Elda: Pepe Vélez, Pablo Vélez y Guillermo Porras, oftalmólogos, Elena Sarrión, Elia Justamante y Mari Paz Guarinos, ATS, Juan Fluviá, óptico y farmacéutico en la localidad y Antonio Obrador y Juan Carlos Gil, miembros del Rotary Club, como cooperantes; Maite Ibáñez y Lola Martínez, anestesista y ATS, respectivamente, del hospital de Villa Joyosa; José N Fernández del Cotero y Luís Rolón, oftalmólogos, Enrique Vélez y Karina Monsalve, optometristas y Aida Carrero, fotógrafa y cooperante, todos ellos de Santander; Marian Hierro y Goyo Fernández, optometristas de Vitoria y Bilbao, respectivamente; Virginia Escuder, auxiliar en Ibiza, Marisa García, óptico en Granada y el logista, Antonio Aragón, un periodista que se mueve en el terreno como gato por su casa, dispuesto a ser un roto para un descosido en cualquier momento.
Baste decir que hace 8 años el tracoma producía un 30% de ceguera entre los habitantes de la Sabana y hoy la incidencia es del 3%
Aunque las cifras van por delante y justifican en sí mismas el coste económico y el esfuerzo humano de la expedición, resulta imprescindible resaltar algunas otras muchas razones por las que es necesario mantener este proyecto que cuenta ya con casi una década de vida, y que año tras año corrobora que el seguimiento médico ha mejorado notablemente el estado de las enfermedades oculares en la región de la Sabana. Baste decir que hace 8 años el tracoma producía un 30% de ceguera entre los habitantes de la Sabana y hoy la incidencia es del 3%, pero además, es de resaltar que la confianza puesta en esos médicos españoles, que no olvidan el compromiso adquirido en los primeros años, lleva al hospital español, anual y puntualmente, a muchos africanos que, avisados previamente por la OCDI, Cáritas africana, esperan ya en tropel la noche de antes de la puesta en marcha de la consultación, en la antesala del hospital, que no es otra que una extensión de cemento y tierra roja, salteada de algunos arbustos y dos grandes árboles, que les resguardan del sol cuando amanece, a eso de las 5.30 horas. Son hombres y mujeres que han viajado, algunos de ellos durante días, para operarse la catarata de un segundo ojo, tras poder ver con el primero; son familiares convencidos con semejante evidencia; son mujeres que llevan a sus hijos aquejados de graves problemas de visión, causados por enfermedades mal curadas, falta de hábitos de higiene, pérdida de 3 ó 4 dioptrias lo que les limita la visión de cerca a la hora de realizar sus actividades cotidianas- o simplemente congénitos, todas ellas causas de origen imposible para el hechicero de la zona. Los togoleses acceden a visitar a los médicos españoles tras un proceso de mutación, relativo a la confianza, lento pero implacable.
Muy temprano, y así durante la estancia en Daluag, punto en el que se encuentra situada la misión de Sor Teresa en la que se hospeda el grupo, y puesto que los africanos despiertan con la luz del sol, el equipo parte hacia el hospital consciente del trabajo que le espera. Muchos son veteranos y saben que los pacientes se agolpan a las puertas del hospital español. Otros se sorprenden cuando tras bajar de las camionetas un centenar de personas les observan esperanzados. Todos se ponen las pilas, unas pilas resistentes al calor y al desasosiego con un único pensamiento en su cabeza, que ni una sola de las personas que esperan se marche sin el reconocimiento médico y la solución a sus problemas concretos, siempre que ello esté sus manos. Los ópticos trabajan sin descanso en dos departamentos situados a la entrada del hospital y los cirujanos la anestesista y las enfermeras se preparan para comenzar a operar en el quirófano que se encuentra a continuación, tras haber comprobado el diagnóstico de los optometristas. La lista de quirófano se engrosa y se suceden las graduaciones y los tratamientos contra la conjuntivitis o el tracoma, y todos a una bregan ininterrumpidamente hasta la tarde, hasta que la sala de espera ha oscurecido y los pacientes que permanecen son los que han salido del quirófano y dejan que pase la noche para ser revisados a la mañana siguiente.
Simultáneamente, un equipo formado por un médico itinerante, Pablo Vélez, un periodista todoterreno, Antonio Aragón; un oftalmólogo, un óptico y una enfermera, que irán rotando, viaja para realizar consultas en distintos poblados, con el fin de revisar operaciones de otros años y atajar, desde los diversos puntos de la prefectura, las incidencias oculares. Valorar el estado de la visión y enviarlos al hospital de Dapaong para ser operados si se considera la necesidad. De esta forma, el Equipo B visitó a lo largo de toda la semana Gando, donde se realizaron 117 consultas, Takpamba, donde se revisaron 40 pacientes, Borgou, allí esperaban 58, Nabjoundi, 83, Mango, 223 y Lotogou, 86.
Al igual que ocurre en el hospital, los pacientes esperan la llegada de los médicos españoles, bajo un sol de justicia que solo los africanos parecen tolerar con dignidad, las madres rodeadas de sus hijos y los ancianos, ciegos, tras su lazarillo: uno de los niños de la familia, encabezando la marcha al extremo de una vara que el invidente sujeta desde el otro extremo, completamente seguro de que el niño responderá por él. No en vano se dice que en África un ciego supone un segundo ciego: el pequeño que cuenta con la responsabilidad de guiarle. Eso sí, también cuentan que al niño elegido no le faltará el pan siempre que lo haya.
La expedición, que había partido desde Madrid el pasado día 20 de octubre, regresa a Barajas el 29 del mismo mes, acusando el cansancio en sus cuerpos y una pequeña pero perceptible metamorfosis en su mirada. Una sensación compartida habla de haber recibido más de lo que se ha dado y un convencimiento general confiesa que hay un antes y un después de África.
Por último, y no por ello menos importante, no queda más que agradecer la colaboración del ayuntamiento de Elda, la Obra Social de la CAM, Trefilerías Hispano-Togolesas, el colegio oficial de Farmacéuticos de Alicante y los servicios de Oftalmología, Traumatología y Anestesia-Reanimación de los hospitales de Elda y Villajoyosa.
El hospital de Tanguieta en Benin reúne a los grupos de oftalmología y traumatología alicantinos
A mitad de semana y a eso de las 4.30 h. de la madrugada, antes de que amanezca, incluso en África, una parte del personal médico se dispone a viajar al país vecino donde les esperan los pacientes del hospital regentado por la orden de San Juan de Dios, una especie de ciudad sanitaria, a muy pocos kilómetros de la frontera, en la Delegación General Saint Richard Pampuri de Tanguieta, dotado de quirófanos y medios necesarios para diagnosticar y atajar las graves enfermedades y las trágicas mutilaciones que asolan a los africanos. Allí se produce un encuentro con el grupo alicantino de traumatología que lleva a cabo la expedición Togo-Benin 2007, coordinada por la ONG Oasis.
A la entrada del hospital nos sorprende la gran cantidad de pañuelos y telas dispuestas sobre el suelo o colgadas a lo largo de las barandillas, porque a estas alturas ya sabemos que en la noche, por techo las estrellas y una luna casi llena de capricho, cada una de esas telas de diversos colores y texturas, guardará el sueño de cualquier africano que espera pacientemente la recuperación de algún familiar.
La hermana Cristina recibe a Pepe Vélez, Fernández del Cotero, Elena Sarrión, Virginia Escuder, Goyo Fernández, Marisa García y Pablo Vélez con una sonrisa, se alegra sinceramente de volver a verlos y les invita a que ocupen los quirófanos a la mayor brevedad posible. Cristina es una monja que parece tener prisa todo el día. Cuando más tarde quisimos abordarla, no tuvimos más remedio que perseguirla por los pasillos de la maternidad donde, mientras colocaba termómetros o esparadrapos en la frente de los niños con las instrucciones claras de no alimentarlos ante una más que probable intervención quirúrgica -así se asegura-, nos contó historias del África más profunda presentándonos a algunas de sus protagonistas, entre ellas, una madre muy joven aquí no sería más que una niña-, recogida por la hermana unos años antes, tras negarse a ser intercambiada para trabajar en una familia, que previamente había entregado a una de sus jóvenes en matrimonio. La mujer tiene mucho valor en África, nos decía Cristina, porque es la que trabaja.
En la antesala de los quirófanos el equipo de oftalmología se encuentra con el equipo de trauma alicantino que llegaba a la zona una semana antes. Los cirujanos están apunto de intervenir a una niña a la que el veneno de una picadura de serpiente, sufrida dos semanas antes, le ha producido una infección en la pierna, dejando en carne viva la zona que va desde el tobillo a la rodilla. El éxito de la intervención llevada a cabo por los especialistas en cirugía ortopédica y traumatología, anestesiología y reanimación, cirugía plástica y reconstructiva, anatomía patológica y auxiliar de quirófano: Javier Sanz, Miguel Sarceda, Fuensanta Meseguer, Melania Elías, Concha Andreu Eduardo Álvarez y Jesús de Sus, todos ellos de los hospitales de Elda, Alicante y Murcia, lo comprobámos unas horas más tarde cuando visitábamos a la niña en la habitación y conseguíamos arrancarle una sonrisa, lo que seguramente habría sido imposible durante sus dos últimas semanas de andanzas entre hechiceros y curanderos. La resistencia al dolor y a la adversidad de los niños africanos rompe todos nuestros esquemas y nos embarga de admiración y ternura, sensaciones que nos acompañan a lo largo de pabellones como el de terminales o contagiosos, en los que tampoco es difícil robarles un gesto amable.
Los oftalmólogos realizaban ese día 10 operaciones y algunas consultas más antes de volver a Togo, a la mañana siguiente, tras revisar a los pacientes intervenidos quirúrgicamente; mientras el equipo de trauma llevaba a cabo, a lo largo de toda la semana, 122 consultas y 40 intervenciones quirúrgicas, 33 en niños, con deformidades en rodillas y pies, quemaduras, úlceras y malformaciones congénitas. Es importante resaltar que desde el año 2003 hasta hoy el equipo de trauma ha efectuado 1.173 consultas y 130 cirugías, 90 de ellas en niños. También lo es resaltar la inestimable colaboración de organismos y empresas alicantinas como: el Consell de Cooperació del ayuntamiento de Ontinyent, el ayuntamiento de Sax, Ferreterías Irrisarri, Trefilerías Hispano-Togolesas, el Colegio de Farmacéuticos de Alicante y donaciones anónimas.


