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Elda

EN NOCHEBUENA, NO HUBO SOLEDAD

EN NOCHEBUENA

Es creciente el número de iniciativas sociales para que la noche por excelencia del año, la Nochebuena, nadie esté ni se sienta solo. El mismo papa Francisco nos viene dando ejemplo con sus gestos, cada día más habituales, de estar cerca de los más desheredados y de compartir mesa con los sin techo. Así lo hizo hace unos días con motivo de sus 77 cumpleaños.

En Elda, la pasada Nochebuena fue especial para un buen grupo personas. Respondiendo a la invitación del Restaurante eldense “Llum de Lluna” y con la colaboración de la Parroquia de Santa Ana, se invitó a mendigos, parados, ancianos, enfermos, etc.., con la única condición de que no tuvieran con quien compartir la cena de Nochebuena. Nos reunimos con los sacerdotes de la Parroquia de Santa Ana en torno a la cena que los responsables del restaurante, prepararon con gran cariño y delicadeza.

A las 20,30 fuimos llegando los invitados, que tras los primeros saludos y con cierto nerviosismo al principio, todo hay que decirlo, ocupamos nuestro lugar en la mesa bellamente decorada por Luz Elena, alma de la fiesta. Aunque fueron más los invitados, era hermoso ver juntas a quince personas tan variopintas. Inmediatamente se rompió el hielo y comenzó una agradable conversación.

Éramos eldenses de Caliú, Altico de San Miguel, Barrio Virgen de la Salud, de las Trescientas y de Jardines. Los sacerdotes bendijeron la mesa, dando comienzo la cena, cuyo menú consistió en “entrantes variados”, ensalada, carne embuchada, postres, dulces navideños, y por supuesto no faltó el vino y el cava.

Durante la cena se escucharon villancicos, hubo para todos tarjetas de felicitación, así como un “paquete” como los que reciben los trabajadores de sus empresas, con artículos y dulces navideños. En nombre de todos cuantos compartimos la cena, habló un comensal dando las gracias a las personas que pusieron en marcha la iniciativa. Gracias a Juan David y a Erik Santiago, que junto a Luz Elena y Vicenta, nos sirvieron con cariño.

Fue una experiencia preciosa, que ojalá se repita en años venideros y en otros muchos ámbitos de la ciudad. Durante unas horas dejamos fuera la dureza de la vida diaria, la soledad y la calle, compartiendo de verdad el mensaje de la Navidad que nos ofrece el nacimiento de Jesús: que somos hermanos y que si nos lo proponemos, todos los días pueden ser Navidad.

¡Feliz Navidad!

En nombre de todos, “un comensal”


201