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Opinión Antonio Martínez García. LA SEXUALIDAD PLENA MIRA AL MATRIMONIO

Las conversaciones sobre las relaciones sexuales entre los jóvenes (entre los que me incluyo puesto que tengo 27 años) parece algo bastante cotidiano. Pero hablar de la sexualidad y alimentar esa conversación con vocablos como respeto, espera, compromiso, fidelidad… ya es algo más difícil. Hay muchos que enseguida saltan con la historia de la represión sexual cuando oyen hablar de que la plenitud de las relaciones sexuales se da dentro del matrimonio. Quizás suene a algo muy viejo; fuera de onda.
Lo cierto es que queramos o no, lo que alimenta una relación sexual vivida en plenitud es el amor. Y en el amor cabe la sinceridad, la generosidad, la lealtad, el perdón… Sin embargo, algunos de éstos que hablan de represión, pasado un tiempo con sus parejas y que decían amar, comienzan a preguntarse ¿Por qué sus relaciones sexuales han fracasado? Quizás por eso, porque sólo eran relaciones sexuales y en cuanto hizo falta algo de respeto o sinceridad (o…) notaron que allí faltaba algo. Sí, faltaba el amor. El amor que se demuestra diariamente con el compromiso de una verdadera relación conyugal. Y es que no ¡podemos hablar de amor cuando queremos decir sexo!
Hace un tiempo apareció un modelo de vivencia sexual basado en la idea de que las relaciones sexuales daban la felicidad. La libertad sexual yuxtapone estos dos principios para escabullirse de valores como el lealtad o la fidelidad. Toda relación sexual nos podía hacer un poco más felices, y todavía hoy, esta idea lleva a muchos (sobre todo a adolescentes) a una búsqueda incesante del placer sexual, a buscar nuevos límites. Pero como toda experiencia excitante pasado un tiempo pierde su auténtico valor, y ya no es lo mismo. Aparece nuevamente la necesidad de sobrepasar esos los límites. El sentimiento de vacío emerge con fuerza a medida que el placer por el placer es incapaz de calmar el deseo de límites que no podemos alcanzar. Llegado a este punto, ya no somos capaces de seguir adelante y la utilización del cuerpo abre las puertas a la baja autoestima y a la frustración. Y esto conlleva la pérdida de una visión adecuada de la propia identidad. El sentimiento de sentirnos amados desaparece y con ello muchas de nuestras seguridades se desvanecen.
Entre mis coetáneos, los que no sobrepasamos los 30, existe también un gran número de los que poseen una pareja “estable”. Hablan abiertamente de sus relaciones sexuales y comparan la experiencia, aconsejándose unos a otros. Pero entiendo yo, que en muchas de estas conversaciones se habla con poco respeto de las parejas supuestamente amadas. Curiosamente los que menos tardaron en realizar la conquista del lecho son los que menos valoran a sus actuales parejas. Algunas de estas relaciones duran lo que duró la conquista o la primera discusión. Sí, en muchas de estas conversaciones se trata a las parejas como meros objetos sexuales. Como juguetes que se pueden usar y al tiempo desechar haciendo de la estabilidad un recuerdo pasajero. Y al final le ponemos precio a todo, como dice la canción: porque un beso vale lo que vale un beso. Y quien dice un beso dice otras muchas cosas. Hoy en día se habla de sexo con bastante naturalidad pero la sexualidad engloba mucho más que el mero acto sexual. Y de eso ya se habla menos no vaya a ser que ante algún fallo alguien piense en alguna debilidad como la eyaculación precoz o la impotencia. Que por otra parte, con una buena educación sexual se sabe que pueden ser tratados rápidamente.
Dicho lo anterior, no quiero que piensen que tengo una visión triste de la sexualidad. Al contrario, para mí, la sexualidad es mucho más que contactos físicos que nos proporcionan placer temporal o una incesante necesidad de romper la rutina. La sexualidad, bajo mi punto de vista, no debería ser empaquetada, embasada al vacío y consumida por simple apetencia, todo eso nos degrada como seres humanos. Las relaciones sexuales forman parte de algo mucho mayor. Habitan dentro de las relaciones de pareja. Fuera de ahí son mercantilismo materialista. Las relaciones de pareja superan con mucho las relaciones sexuales y las relaciones sexuales sobrepasan muchos más el mero contacto físico. En la relación sexual se da, además del contacto físico, una comunicación profunda, donde confluyen planos tan importantes como el físico (por supuesto), el espiritual y el sentimental. Para que esta comunicación sea plena debe darse totalmente por ambas partes, sin ningún tipo de miedos y sin ningún tipo de barreras. El contacto de dos almas que se saben amadas, que se funden en una sola dando el fruto de la alegría, la serenidad, el compañerismo, la complicidad…
Para todo esto, es fundamental que las relaciones sexuales tengan un marco de estabilidad donde ir creciendo en sinceridad, en fidelidad, en respeto mutuo… El matrimonio es sin duda, ese pilar compartido con la pareja, donde poner en común todos los proyectos. El matrimonio es el punto de partida para construir la familia. El matrimonio tiene esa estabilidad necesaria que hace que todo lo que se vive dentro pueda ser valorado en su justa medida. El matrimonio es la situación idónea donde darse sin miedo, donde el compromiso no ata sino que da la serenidad y la calma necesaria para que la relación sexual sea plena, placentera y si Dios quiere con fruto de vida.

Autor: Antonio Martínez García.


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