Un reciente estudio (la Ruta del Vino de Alicante junto a la Universidad de Alicante) ha permitido conocer con mayor precisión el perfil del visitante de bodegas en la provincia de Alicante, revelando tendencias clave sobre sus motivaciones, hábitos y nivel de satisfacción.
El perfil predominante es el de una mujer española, de entre 46 y 65 años, que busca una experiencia de ocio compartido y vinculada a la gastronomía. De hecho, más de la mitad de los visitantes son mujeres (52,5%), y cerca de dos tercios son nacionales, muchos de ellos residentes en la propia provincia.
La visita a bodegas se consolida como un plan social: el 54,4% acude en pareja o con familia, mientras que un 46% lo hace con amigos. Además, en la mayoría de los casos la organización no recae en el propio visitante, sino en alguien de su entorno cercano, lo que refuerza la importancia del prescriptor en la toma de decisiones.
Internet es el principal canal para planificar la visita, aunque las recomendaciones personales siguen siendo determinantes. A esto se suma un fuerte componente gastronómico: casi el 68% de los visitantes tiene previsto completar la experiencia comiendo en restaurantes de la zona.
Más allá del interés por el vino, predominan las motivaciones relacionadas con el ocio: divertirse, compartir tiempo con familiares o amigos y vivir experiencias diferentes pesan más que el aprendizaje técnico. Esta tendencia confirma que el enoturismo se percibe cada vez más como una actividad lúdica y social.
El nivel de satisfacción es muy elevado, con una valoración media de 6,4 sobre 7. Destaca especialmente la calidad del personal que guía las visitas, uno de los aspectos mejor valorados. Este alto grado de satisfacción tiene un impacto directo en el comportamiento del visitante: dos de cada tres realizan compras al finalizar la experiencia.
El gasto medio se sitúa en 19 euros, aunque asciende a 28,5 euros entre quienes compran. Además, los visitantes extranjeros muestran una mayor predisposición al consumo y un gasto superior.
En conjunto, los datos reflejan que la experiencia en bodega va mucho más allá de la cata: se trata de una propuesta de ocio completa, donde el componente social, gastronómico y emocional resulta clave tanto para la fidelización como para la generación de ingresos.







