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Los bancos abren en Onil, en un intento de captar millonarios

Los bancos abren en Onil

Un día después del sorteo de la Lotería de Navidad, después de los festejos a las puertas de la única administración de Onil, nada permitía adivinar ayer sábado que el Gordo había cambiado la vida a muchos de sus habitantes.

Nada, salvo las cajas de ahorros, que, a pesar de ser sábado, abrieron sus puertas en un intento de captar el dinero de alguno de los afortunados, al parecer sin mucho éxito, y salvo una intensa actividad de compra de billetes y de comprobación de premios menores en la administración de lotería.

Las calles del pueblo estaban prácticamente vacías y los rostros de los lugareños no reflejaban ninguna alegría especial. Más bien al contrario. Ante las preguntas de los muchos periodistas que aún recorrían la localidad tratando de encontrar reacciones, la mayoría de los vecinos se mostraban enfadados, enojados con los convecinos a los que les ha tocado algo y «ni siquiera lo han celebrado como Dios manda».

Poco movimiento

Las siete sucursales bancarias del pueblo, incluidas las cajas de ahorros, estaban abiertas el día 23, a pesar de ser sábado. Sus comerciales establecieron contacto con los agraciados el mismo día del sorteo, para conseguir que el dinero obtenido fuese a descansar en sus arcas.

Sin embargo, parece que no hubo mucha suerte, al menos para algunos: «Hemos abierto la oficina, de forma excepcional, para ofrecer nuestros servicios a los que ganaron ayer (por el viernes) algo en la Lotería de Navidad, pero no ha venido ni uno solo en toda la mañana (del sábado)», explica el director de Bancaja.

«Nos pusimos en contacto con cuatro de los ganadores, pero parece que de momento permanecen ocultos y no tienen intención de mover su dinero. Esperamos, de todas formas, que a partir de la semana que viene, cuando se calme todo el alboroto, haya más movimiento», añade.

Algo más afortunados fueron en la oficina de la CAM. Al parecer, sus encargados comunicaron a la dueña de la administración de lotería, María Teresa Doménech, que tres o cuatro personas se habían dirigido allí para ingresar el dinero del premio.

Mientras, los vecinos no se explican por qué los ganadores no demuestran su alegría. Les acusan de estar «escondidos», porque no quieren que se sepa que «les ha tocado a los que más tienen».

El viernes se conocía las historias de Inma Juan, cuyo suegro había comprado el décimo ganador el mismo día que firmó la hipoteca; Nieves García, que acudió a la administración La Década acompañada por sus dos hijos, o Jose Antonio, jubilado, que pensaba en repartir el premio entre sus tres hijas y «pagar deudas».

Ellos fueron los únicos tres rostros visibles de todos los premiados que recibieron alguno de los 45 millones de euros, pero a las puertas de la administración se agolparon decenas de curiosos que deseaban compartir con María Teresa Doménech la alegría de haber repartido tanto dinero, aunque a ellos nada les hubiese correspondido.

No tan repartido

Todos coinciden en señalar que «el premio no está tan repartido por el pueblo, sino que ha caído en manos de cuatro gatos que se han llevado una buena suma» y añaden que es «de lo más raro que ni siquiera ayer (por el viernes) fueran a las puertas de la Administración a celebrarlo, como se hizo en todas las demás localidades del resto de España».

Algunos lo achacan al carácter cerrado de la gente de Onil, otros, al miedo a que se les reconozca en todos sitios, pero el caso es que la falta de celebraciones y de entusiasmo era la comidilla de los vecinos del pueblo, que se juntaban en corrillos, en el supermercado o en la administración que vendió el número 20297, premiado con el Gordo de Navidad, para comentarlo.

«Ayer (por el viernes) vine a la administración para celebrar con mis vecinos que les hubiera tocado el Gordo, aunque yo no me haya llevado nada, me hacía ilusión», pero, «cuando llegué, los periodistas me preguntaban si me había tocado a mí, porque de entre toda la gente no encontraban a ninguno que les reconociese que era de los ganadores. Yo les dije que si me hubiera tocado estaría pegando botes y no me lo callaría», explica una vecina.

Añade que estuvo a punto de comprar el boleto premiado el último día, pero no lo hizo porque «hacía mucho frío para salir de casa y además acabados en siete tenía varios décimos». Ahora se arrepiente, como todos aquellos que han tenido tan cerca de sus casas la suerte.

«Yo estaba en Castalla cuando me llamó mi hermana para decirme que había caído el Gordo en Onil», explica otra. «Estaba tan emocionada que le pregunté que si nos había tocado algo a nosotros, pero no, simplemente es emocionante que toque en tu pueblo, a la gente que tienes cerca».

Quien más, quien menos, conoce a alguno de los afortunados, aunque dejan claro que no son de «los que más se han llevado». Otros han oído que a Fulanito o Menganito les ha tocado algo pero se quejan, enfadados de que «no lo reconocen cuando se les pregunta».

Normalidad

Los habitantes de Onil se despertaron el sábado con 45 millones de euros que el jueves no tenían, pero este hecho no ha cambiado el transcurrir diario de los acontecimientos. Al parecer, los ganadores del Gordo han preferido celebrar su suerte en la intimidad de sus hogares y en la calle no hubo festejos hasta altas horas de la madrugada, ni compras precipitadas, ni excesos.

Onil volvió a ser el pueblo de siempre, aunque el tema de la Lotería fuese el más comentado. La mayoría de los premiados no ha acudido siquiera a cobrar el dinero que les corresponde. Quizá prefieren esperar a que las cosas se calmen y no haya más extraños merodeando por la localidad.

EVA M. LAHOZ/ALICANTE


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