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Opinió Villena

«Nuevo Orden», artículo de opinión de Gonzalo Trespaderne Arnaiz

NUEVO ORDEN.

Siguiendo a grandes rasgos la trayectoria de quien ostenta por segunda vez el puesto de Presidente de los EE.UU. de América, teniendo en cuenta principalmente el sistema de aranceles que ha aplicado a las relaciones comerciales, su papel en la guerra de Gaza o en la de Ucrania, los acontecimientos ocurridos a principios de enero en Venezuela, al igual que las últimas declaraciones realizadas sobre Europa y Groenlandia, uno se pregunta qué se puede esperar para este 2026 recién estrenado.

En un primer acercamiento a la búsqueda de respuesta, cuesta lo suyo desprenderse de una paralizante sensación de perplejidad motivada por la rapidez con la que se suceden distintos acontecimientos ciertamente graves y complejos, junto a la inmediatez con la que se pretenden resolver.

Ante esa situación de desconcierto, se cae en la tentación de confiar, a tenor de lo que opinan algunos comentaristas, en que el que ha logrado construir un gran imperio económico, sabe lo que hace en el terreno de la gobernanza, encontrándose en todo momento correctamente asesorado por sus equipos de gobierno. Pero hay otras personas que han vivido cerca de él o expertas en Psicología, que afirman que tiende a actuar impulsivamente, con improvisación, de manera irracional y dejándose llevar por apreciaciones de quienes le acompañan en el campo de golf o en otro tipo de reuniones informales.

Quizá debido en alguna medida a las fechas en las que estamos (propicias para los buenos propósitos e ilusiones), cabe imaginar que al final todo irá bien, que las actuaciones llevadas a cabo por el susodicho y sus adláteres son convenientes, al menos, para evitar posibles males mayores.

El problema es que un análisis algo más objetivo de lo que ha ido sucediendo desde que Trump presentó su candidatura a la presidencia del país más poderoso del mundo, lejos de resultar halagüeño, pone de manifiesto síntomas ciertamente preocupantes.

Para empezar, porque a lo largo de su carrera política el magnate no ha dejado de difundir información falsa o engañosa (utilizando como herramienta amplificadora las redes sociales), ha negado datos verificados por organismos oficiales, ha descalificado a medios de comunicación cuando sus mensajes le resultaban incómodos, ha desacreditado a los jueces o tribunales cuyas actuaciones le eran adversas y ha cuestionado la labor de las universidades. Todos esto, abundando en el insulto a los adversarios y en las provocaciones llevadas hasta el límite.

Después, porque este individuo ha evidenciado ser un enorme ególatra con una ambición desmesurada, subordinando la ética y la política a los intereses económicos, aunque esto suponga una deslegitimación de los valores fundamentales y las instituciones democráticas, o una violación del derecho internacional.

En consecuencia, con la incógnita de cómo van a proceder China o Rusia, pueden adoptarse, básicamente, una postura de sumisión, como la que están mostrando ya algunos máximos dirigentes (hasta Delcy Rodríguez); de esperar a que concluya el mandato (tres años más por delante, con todo lo que se augura que van a deparar), o de resistencia sacrificada, pagando el coste económico que se le antoje al Tio Sam (y asumiendo el riesgo que conlleva que abandone la OTAN, con vecinos como Putin que no van a dejar de aprovechar la debilidad militar de Europa para intentar anexionarse nuevos territorios). Optar por lo tercero tendrá el apoyo de los valores que a lo largo de la Historia han deparado los mayores bienes a la Humanidad. Pilares fundamentales para poder mirar hacia el futuro con esperanza como son la Dignidad, la Libertad, la Fraternidad o la Solidaridad.

Gonzalo Trespaderne Arnaiz


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