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El Proyecto Europeo Daphne prevé firmar un convenio de aprendizaje en padres y profesionales para evitar el castigo físico

La próxima publicación, en abierto en la web de Altea España, del informe final de los diferentes estudios realizados en el Proyecto Europeo de investigación Daphne “Erradicación del uso del castigo físico sobre los niños en las familias y en las instituciones”, es una de las iniciativas del grupo, en el que participa la Universidad de Alicante por España y los países de Reino Unido, Alemania, Polonia, Estonia e Italia. Además, los investigadores quieren acordar un convenio con algún servicio o entidad de atención a familias para pilotar el programa de capacitación de padres y profesionales diseñado y comprobar si facilita el aprendizaje de nuevas estrategias educativas en familias de riesgo.

Dentro del proyecto se ha realizado un estudio sobre las prácticas de disciplina utilizadas por las familias. En él participaron 460 adultos, siendo el 69 por ciento españoles y el resto extranjeros, con una media de edad de 36 años y teniendo hijos el 73 por ciento sobre el total de la muestra que, estaba integrada asimismo por 341 menores, siendo el 52 por ciento mujeres y el 48 por ciento hombres de la franja de edad entre los 11 y los 18 años.

Los resultados del estudio notan cómo las prácticas más abusivas, como es el uso de palos, cinturones, etcétera, aunque son poco frecuentes, se dan más en familias de origen español y de América Latina, según cuentan los menores en sus experiencias. Y es que el castigo físico sigue siendo una práctica bastante extendida entre las familias de nuestro entorno, no habiendo diferencias significativas por centro y nivel educativo. Señala el informe final que el castigo psicológico tiene mayor presencia que el castigo físico, con lo que existe el riesgo de que, ante la falta de herramientas, se estén sustituyendo unas pautas por otras. Concluyen, también, que el 89,7 por ciento de la población universitaria cree que la ley debe proteger a los menores de una disciplina desproporcionada y agresiva por parte de sus padres y educadores, y sólo el 10,7 por ciento cree que nadie debe inmiscuirse en la forma en la que los padres educan a sus hijos. Se aprecia así un cambio en la actitud de la juventud española hacia el castigo físico ya que el 92,7 por ciento de la población universitaria está en contra de la utilización del castigo físico aún cuando este no infrinja lesiones en el menor. El 64,7 por ciento de los estudiantes universitarios encuestados considera que imponer castigos físicos a los menores no implica necesariamente una falta de afecto por parte de los padres sino una falta de estrategias educativas alternativas.

En porcentajes, los menores estiman que en un 88 por ciento les gritan, siendo este el máximo valor en cuanto a experiencias de algún tipo de maltrato. El 34,5 por ciento de los adultos encuestados manifiestan que recibieron azotes, cachetes o bofetones por parte de sus padres ante su mal comportamiento.

Las conclusiones pasan por la propuesta que hacen de tolerancia cero al castigo físico como estrategia educativa, para lo que proponen dotar a padres y educadores de herramientas adecuadas para educar y corregir a los menores, piden sensibilizar a la población, así como desarrollar programas de capacitación.


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