El Camino en Alicante se adentra por Baneyeres de Mariola y Beneixama a través del valle que flanquean las altas sierras de la Solana y Fontanella. Probablemente de origen almohade, el castillo de Banyeres fue construido en el siglo XII. Por su emplazamiento y su prominente torre del homenaje fue de vital importancia durante la Edad Media para controlar las comunicaciones de la zona.
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Desde Cañada la ruta prosigue por Biar hasta Villena. Antes, vale la pena detenerse en Biar, por donde, según la tradición, pasó el Cid camino de Petrer y Monforte del Cid, en el valle del Vinapoló. El actual castillo fue construido en el siglo XII por los almohades sobre un asentamiento romano anterior, y destaca por su torre del homenaje, de dieciocho metros de altura. Cerca de Biar queda Castalla, un municipio que cuenta con un importante castillo roquero del siglo XII, integrado en la línea defensiva de castillos del Vinapoló. Villena -Belliana en la Estoria Roderici-, capital del Alto Vinapoló, posee numerosos atractivos, entre los que cabe destacar su castillo de la Atalaya (siglo XI), que recibe al visitante desde la carretera, o la iglesia arciprestal de Santiago (siglos XIV-XVI), uno de los conjuntos gótico renacentistas más importantes de la Comunidad Valenciana. Según la Historia Roderici, el rey Alfonso VI pidió infructuosamente al Cid que le esperara en esta ciudad para unirse a las tropas reales contra el invasor almorávide. El desencuentro entre el rey y su vasallo propiciaría un nuevo destierro. La ruta deja Villena por el interesante yacimiento paleolítico de Cabezo Redondo.
Una sucesión de localidades donde la impronta musulmana aún es patente nos acompaña desde Villena hasta Orihuela por geografías serranas de gran interés estratégico durante la Edad Media, razón por la que el visitante podrá contemplar un gran número de castillos a su paso por este tramo.
En el valle del Vinalopó, junto a la autovía Alicante – Madrid, nos topamos en primer lugar con el municipio de Sax, situado en la cara sur de una gran peña que es coronada por un impresionante castillo roquero, que parece hermanarse con el Castillo de Petrer, población de fundación romana. La actual configuración del castillo de Sax, conocido como el «Castillo de Piedra», data con toda probabilidad del siglo XIV, aunque se tiene noticia de su existencia anterior: ya en el siglo XIII la inexpugnabilidad de sus muros dieron al traste con varios intentos de conquista.
Tras su fallido viaje a Aledo, en el que se proponía ayudar a su rey, Alfonso VI, el Cid pudo pasar por Monforte, hoy denominado del Cid, y atravesar el estrecho paso de la Sierra de Tabaza, controlado por el castillo del Río, en Aspe, hasta llegar a la ciudad de Elx/Elche (http://www.elche.es/index.aspx), donde instaló su campamento y pasó las Navidades de 1088. La ciudad mantiene la impronta árabe que marcó su devenir. Rodeada en otro tiempo de murallas, y defendida por su castillo-alcazaba, quedan en la ciudad algunas puertas importantes, como la puerta de Calahorra y la Torre del Consell.
Elche es cita de numerosas culturas que han dejado su huella en la ciudad. Sin duda, la Dama de Elche es uno de sus símbolos de la ciudad. Esculpida en el siglo V a.C., desde su descubrimiento en el yacimiento de La Alcudia en 1897 es, por su serena belleza, uno de los grandes tesoros arqueológicos del arte ibérico. El Palmeral de Elche está formado por un conjunto de huertos de palmeras datileras. Su cultivo fue desarrollado por los árabes mediante un sistema de huertos regados por acequias. Sin duda este palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad, es uno de los ejemplos de cómo el hombre puede transformar positivamente el paisaje. Pero Elche guarda aún otros motivos de asombro para el visitante, entre los que destacan la Basílica de Santa María (siglos XVII-XVIII), o El Misterio de Elche, drama de origen tardo medieval que recrea la Muerte, Ascensión y Coronación de la Virgen María, y que se celebra todos los años los días 14 y 15 de agosto. Por su riqueza, esta representación, de un valor único y excepcional dentro del teatro religioso europeo, fue declarada en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad.
Desde Elx, falto de plata para pagar a su soldada, y con la necesidad de afianzar su posición en una zona claramente hostil, el Cid recorrerá con sus mesnadas buena parte de la comarca, sin dejar, como canta la Primera Crónica General, «piedra enhiesta, ni señal de puebla ninguna».
Una vez abandona Elx, el Camino, ya en su último tramo, se prolonga por Crevillente y Albatera hasta llegar a Cox. Como muchas otras localidades de la zona, Cox, conquistada a los musulmanes en el siglo XIII por la tropas de Alfonso X, fue una antigua alquería musulmana. La iglesia de San Juan Bautista, es un edificio barroco de mampostería.
Poco después el Camino depara al visitante la grata sorpresa de Callosa de Segura, población enclavada al pie de la sierra, y que posee un interesante ejemplo de arquitectura renacentista en su iglesia de San Martín, del siglo XVI. Redován es la última parada antes de llegar al final de este Camino: Orihuela.
En palabras de Ben Alcama, uno de los grandes cronistas árabe de la época, antes de la llegada de los almorávides la relación de plazas tributarias del Cid se extendían «desde las tierras de Tortosa hasta Orihuela». La riqueza de su huerta y su enclave geográfico hizo de Orihuela una localidad codiciada durante la Edad Media. Su época de esplendor llegaría en el siglo VIII, con la llegada de árabes y bereberes, convirtiéndose en la capital de la Cora o provincia de Tudmir. Dominio que desaparecía cinco siglos más tarde tras su conquista en 1265 por Jaime I.
Durante los siglos XVI y XVII, sería residencia de muchos nobles que dejaron su huella en los numerosos edificios civiles y religiosos que hacen de Orihuela una ciudad monumental. El Colegio de Santo Domingo, iniciado en el siglo XVI, es un ilustre ejemplo de arquitectura del Renacimiento. La Catedral del Salvador, la iglesia de las Santas Justa y Rufina, o el Convento de las Clarisas, son algunas muestras del rico patrimonio artístico de la ciudad. Asentada a los pies del monte de San Miguel, en el valle del Segura, posibilita excursiones por la Sierra de Orihuela, de alto valor ecológico, o por el palmeral que nace a sus pies, cuyo origen se remonta a la época islámica.


