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Villena

Los cargos festeros del año 2000 recuerdan sus fiestas 25 años después

Un cuarto de siglo ha pasado desde que un grupo de villeneros y villeneras viviera uno de los mayores honores que puede otorgar la fiesta: ser cargos festeros. Ahora, 25 años después, aquellos protagonistas de las Fiestas de Moros y Cristianos del año 2000 se han reunido para recordar cómo vivieron aquel septiembre inolvidable, y para compartir la emoción de comprobar que, pese al paso del tiempo, la amistad y el compañerismo siguen intactos.

En una entrevista concedida con motivo de este aniversario, los antiguos cargos rememoraron la intensidad de aquellos días. “Fue un año de nervios, esfuerzo y responsabilidad, pero también de orgullo y alegría inmensa”, relataba uno de ellos. Las anécdotas no tardaron en salir a la luz: desde los preparativos contrarreloj de los boatos hasta los ensayos interminables con la música, todo formaba parte de un sueño compartido.

Al recordar los desfiles, coincidieron en que la sensación de representar a sus comparsas y a todo el pueblo fue irrepetible. “El calor de la gente en las calles, los aplausos, el sonido de la música… aquello no se olvida nunca”, explicaba otra de las entrevistadas con emoción.

Más allá del recuerdo festero, lo que más destacaron fue el vínculo humano que nació en aquel año. A pesar de los caminos distintos que cada uno ha seguido en su vida personal y profesional, muchos continúan reuniéndose y mantienen un contacto regular. “La amistad que se forjó entonces no se ha perdido. Quizá no nos veamos cada semana, pero cuando nos encontramos es como si el tiempo no hubiera pasado”, señalaron.

De cara al futuro, todos se mostraron orgullosos de formar parte de la historia festera de Villena y animaron a las nuevas generaciones a implicarse con la misma ilusión. “Ser cargo festero cambia tu manera de vivir la fiesta. Te das cuenta de lo grande que es y de cuánto une a las personas”, resumieron.

Veinticinco años después, los cargos del año 2000 demuestran que la fiesta no solo se vive en las calles, sino que deja una huella profunda en la memoria y en el corazón de quienes la hacen posible.


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