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Villena

Una cámara de 75 m³, acero de 10 mm y vidrios de seguridad: la protección que rodeaba al Tesoro de Villena

Los ladrones intentaron acceder primero por una puerta reforzada y, al no conseguirlo, entraron por un ventanal antes de atacar la cámara acorazada del MUVI, protegida con vidrios de alta seguridad, acero y una puerta con cinco puntos de anclaje

Nuevos detalles permiten reconstruir con mayor precisión cómo se produjo el robo del Tesoro de Villena y, especialmente, qué medidas de seguridad tuvieron que superar los asaltantes para acceder a las piezas. La información conocida en las últimas horas apunta a una operación minuciosamente preparada, ejecutada por al menos seis personas y resuelta en apenas cuatro minutos.

 

El Tesoro no se encontraba simplemente detrás de una vitrina convencional. Las piezas estaban expuestas dentro de un espacio concebido como una cámara acorazada de aproximadamente 25 metros cuadrados de superficie, unos 75 metros cúbicos de volumen y tres metros de altura, con diferentes capas de protección física.

El recinto contaba con vidrios de alta seguridad, elementos revestidos con acero, un techo reforzado y una puerta blindada acorazada equipada con una cerradura de cinco puntos de anclaje.

A esas protecciones se sumaban los sistemas generales del museo, entre ellos alarma y videovigilancia.

Los ladrones consiguieron superar todo ese dispositivo mediante una estrategia basada fundamentalmente en tres elementos: planificación previa, violencia y velocidad.

 

 

Primero intentaron entrar por una puerta

La reconstrucción del asalto revela que los autores no accedieron directamente por el punto que finalmente utilizaron para entrar al MUVI.

En un primer momento intentaron acceder por una de las puertas de seguridad del edificio.

La resistencia de este acceso les obligó a cambiar el plan y buscar otro punto de entrada. Fue entonces cuando se dirigieron hacia uno de los grandes ventanales laterales, sobre el que concentraron el ataque hasta conseguir abrir un hueco suficiente para acceder al interior.

Este dato resulta especialmente relevante para analizar lo sucedido, porque demuestra que al menos una de las barreras físicas del edificio consiguió cumplir inicialmente su función: impedir el acceso y obligar a los asaltantes a buscar una alternativa.

La banda, sin embargo, había acudido preparada para una entrada mediante fuerza extrema y consiguió encontrar otro punto vulnerable en el cerramiento exterior.

Una vez abierto el ventanal, comenzó la segunda parte del asalto.

Al menos seis personas participaron en el golpe

Una vez dentro del museo, los seis asaltantes se repartieron los objetivos. Una parte del grupo se dirigió hacia las coronas de la Virgen de las Virtudes, mientras los demás fueron directamente hacia el Tesoro de Villena.

De esta forma, los ladrones pudieron actuar simultáneamente sobre dos puntos diferentes del museo y reducir al máximo el tiempo necesario para ejecutar el golpe. Una vez que el primer grupo consiguió hacerse con las coronas, se reunió con los demás asaltantes y los seis concentraron entonces sus esfuerzos en el Tesoro.

Este reparto de funciones aporta un nuevo indicio sobre el grado de preparación de la operación. Los autores aparentemente conocían dónde se encontraban los dos objetivos y pudieron dividirse inmediatamente después de acceder al edificio, en lugar de desplazarse todos juntos de un punto a otro.

La concentración de los seis asaltantes sobre el Tesoro se produjo precisamente en la fase más complicada del golpe: superar las protecciones físicas que rodeaban las piezas. Para conseguirlo recurrieron a grandes mazas con las que atacaron violentamente los acristalamientos de alta seguridad.

Grandes mazas para romper las protecciones

Los autores iban preparados para ejercer una enorme fuerza sobre los elementos de seguridad.

Entre el material empleado durante el asalto se encontraban mazas de grandes dimensiones, utilizadas para atacar violentamente los acristalamientos.

No parece tratarse de un robo diseñado para permanecer oculto durante un largo periodo de tiempo dentro del museo ni para evitar completamente la activación de los sistemas de seguridad.

La operación estaba aparentemente concebida para asumir que la alarma acabaría saltando.

El objetivo era otro: entrar, superar las barreras físicas, alcanzar las piezas y abandonar el museo antes de que pudiera producirse una intervención policial efectiva.

Eso obligaba a reducir toda la operación a cuestión de minutos.

 

Una cámara acorazada de 75 metros cúbicos

Superar el perímetro exterior del MUVI no daba acceso directo al Tesoro.

Los ladrones tuvieron que desplazarse hasta la zona donde se encontraban las piezas y enfrentarse a una segunda línea de protección mucho más importante: la propia cámara del Tesoro.

El recinto protegido tenía aproximadamente 25 metros cuadrados de superficie interior, unos 75 metros cúbicos de volumen y tres metros de altura.

Su frente expositivo principal y los laterales estaban construidos mediante vidrio de alta seguridad.

La configuración de la sala se completaba aprovechando dos paredes existentes de vidrio de seguridad, mientras que la pared posterior estaba revestida con chapa metálica blindada.

En esta pared se encontraba la puerta de acceso a la cámara, una puerta blindada acorazada dotada de una cerradura de cinco puntos de anclaje.

La parte superior del recinto también estaba protegida mediante un techo de doble chapa.

Además, el techo y la mesa expositiva incorporaban refuerzos mediante chapa de acero lisa de 10 milímetros de espesor, aumentando la resistencia física del espacio que protegía las piezas.

El acceso habitual a esta zona estaba especialmente restringido. Sólo dos personas podían acceder normalmente a la cámara.

Vidrio laminado diseñado para resistir ataques manuales

Uno de los elementos fundamentales de la protección era el acristalamiento.

La instalación incorporaba vidrio templado laminar de alta seguridad, con una composición de dos vidrios templados de 10 milímetros de espesor unidos mediante una lámina de butiral de polivinilo, PVB.

Este tipo de construcción permite que las diferentes capas permanezcan unidas incluso después de recibir impactos y está concebida precisamente para aumentar la resistencia frente a ataques manuales.

Por tanto, romper el cristal exterior no equivalía necesariamente a crear inmediatamente un hueco por el que acceder a las piezas.

Los delincuentes tuvieron que golpear repetidamente y con enorme violencia los elementos de seguridad hasta conseguir vencer su resistencia.

La utilización de grandes mazas adquiere así especial importancia dentro de la reconstrucción del robo.

Los autores acudieron preparados para encontrarse con cristales de alta resistencia y utilizaron herramientas capaces de concentrar una gran cantidad de energía sobre puntos concretos del acristalamiento.

Las alarmas sí funcionaron

Uno de los datos más importantes conocidos en las últimas horas afecta directamente al funcionamiento de los sistemas de seguridad.

La alarma del museo se activó.

Las cámaras también estaban operativas y registraron el asalto. Las imágenes se encuentran ahora en manos de los investigadores y constituyen una de las principales piezas para reconstruir los movimientos de los autores.

Los sistemas de seguridad del MUVI eran sometidos además a revisiones trimestrales y la última comprobación de las cámaras se había producido el pasado 3 de agosto, apenas unas semanas antes del robo.

Por tanto, con los datos conocidos hasta ahora, no puede explicarse el asalto simplemente como un fallo de la alarma o de la videovigilancia.La seguridad electrónica detectó la intrusión.

El problema estuvo en otro punto fundamental: el tiempo.

Una carrera de apenas cuatro minutos

La estrategia de los ladrones parece haberse construido alrededor de una carrera contra el reloj.

Por una parte se encontraba el proceso de respuesta de seguridad: detección de la intrusión, activación de la alarma, transmisión del aviso y desplazamiento de los agentes.

Por otra, el recorrido que debía completar la banda: forzar el acceso exterior, penetrar en el edificio, llegar hasta el Tesoro, atacar las protecciones, extraer las piezas, abandonar el museo y huir.

Los autores necesitaban terminar la segunda secuencia antes de que culminara la primera.

Y toda la operación se habría ejecutado en aproximadamente cuatro minutos.

Esta circunstancia resulta esencial para comprender por qué las alarmas y las cámaras, pese a funcionar correctamente, no fueron suficientes para impedir la sustracción.

Los delincuentes no necesitaban evitar que el museo detectara su presencia.

Necesitaban que las barreras físicas resistieran menos tiempo del que tardaría en llegar una respuesta efectiva.

Una alarma siete minutos antes en el polideportivo

La cronología incorpora además otro episodio que está siendo investigado.

Aproximadamente a las 5.16 horas se produjo una alarma en el polideportivo municipal, situado a unos dos kilómetros del museo.

Pocos minutos después, en torno a las 5.23 horas, se recibió el aviso relacionado con el MUVI.

La proximidad temporal entre ambos sucesos ha llevado a investigar si el primer incidente pudo tener alguna relación con el robo y si pudo tratarse de una maniobra destinada a generar una distracción antes del asalto.

Por el momento, no está acreditado que ambas alarmas estuvieran relacionadas, por lo que esta posibilidad continúa siendo una hipótesis de investigación.

De confirmarse, supondría un elemento más de planificación en una operación que ya presenta numerosos indicios de haber sido estudiada con antelación.

Los ladrones conocían las rutinas del museo

Otro de los datos conocidos en las últimas horas apunta precisamente hacia ese conocimiento previo.

Los asaltantes habrían elegido una madrugada en la que no estaba prevista la presencia habitual del personal de limpieza a primera hora.

La elección del día y de la hora habría reducido así las posibilidades de encontrarse con trabajadores dentro de las instalaciones.

Este conocimiento de las rutinas resulta especialmente significativo.

Saber que el Tesoro original se encontraba en el MUVI era información pública. Conocer exactamente cuándo había menos personal, cómo acceder al edificio, dónde estaba situada la cámara, qué recorrido realizar y qué tipo de herramientas podían necesitar para superar las protecciones implica un grado de preparación mucho mayor.

La investigación deberá determinar ahora si existieron labores previas de vigilancia sobre el museo y durante cuánto tiempo pudo prepararse el golpe.

La puerta resistió; los cristales, finalmente, no

Los datos conocidos permiten además introducir un importante matiz en el análisis de la seguridad.

Que los ladrones consiguieran finalmente llevarse las piezas no significa que todas las protecciones fallaran.

Una de las puertas que intentaron utilizar como acceso resistió y obligó a cambiar el punto de entrada.

Los acristalamientos de seguridad ofrecieron una resistencia que tuvo que ser vencida mediante grandes mazas.

Las alarmas se activaron.

Las cámaras funcionaron.

Y los asaltantes tuvieron que ejecutar el robo a enorme velocidad.

La cuestión que deberá determinar ahora el análisis técnico es si el tiempo de resistencia ofrecido por el conjunto de barreras era suficiente frente a un ataque coordinado de varias personas utilizando herramientas de gran impacto.

Porque éste es uno de los aspectos que diferencia un sistema de seguridad diseñado para detectar una intrusión de otro capaz de impedir físicamente el acceso durante el tiempo necesario para que llegue ayuda.

El Tesoro estaba protegido por varias capas de seguridad

La información conocida sobre el MUVI permite reconstruir diferentes niveles de protección.

Primero estaba el propio edificio y sus cerramientos exteriores.

Después, los sistemas electrónicos de alarma y videovigilancia.

Y en el interior se encontraba la zona especialmente protegida del Tesoro, con una cámara construida mediante elementos de alta seguridad.

La combinación incluía vidrio laminado, acero, elementos blindados, puerta acorazada, cerradura de cinco puntos, techo reforzado y acceso restringido.

El golpe, por tanto, no consistió simplemente en romper el escaparate de un museo y coger las piezas.

Los autores tuvieron que penetrar por la fuerza en el edificio y superar posteriormente una segunda barrera específicamente diseñada para proteger el Tesoro.

Todo ello en cuestión de minutos.

Las cámaras, fundamentales ahora para identificar a los autores

La videovigilancia que no pudo impedir físicamente la sustracción puede convertirse ahora en una de las herramientas más importantes de la investigación.

Los agentes disponen de imágenes del asalto y trabajan para reconstruir tanto los movimientos dentro del museo como la llegada y posterior huida de los vehículos.

Después del robo se puso en marcha un amplio dispositivo para tratar de localizar a los autores.

Un testigo llegó a comunicar a los agentes que dos vehículos habían circulado a gran velocidad por la A-31, una información que forma parte de las pesquisas sobre las posibles rutas de escape.

Los investigadores deberán analizar ahora cámaras del museo, vías próximas y otros puntos del entorno para intentar seguir el recorrido realizado por los asaltantes antes y después del golpe.

Una operación preparada para vencer la seguridad antes de la llegada policial

La nueva información sobre la seguridad del MUVI permite comprender mejor la dimensión del robo.

Los asaltantes sabían que se enfrentaban a importantes medidas de protección y aparentemente organizaron la operación para vencerlas mediante una combinación de fuerza extrema y rapidez.

Intentaron un primer acceso y tuvieron que abandonarlo.

Encontraron otro punto de entrada.

Penetraron en el edificio.

Llegaron hasta una cámara protegida.

Atacaron los vidrios de alta seguridad con grandes mazas.

Accedieron a las piezas.

Y huyeron.

Todo ello en aproximadamente cuatro minutos.

La investigación deberá determinar ahora si conocían previamente las características exactas de las protecciones, si habían estudiado los accesos, cuánto tiempo dedicaron a preparar el golpe y si la alarma registrada minutos antes en el polideportivo tuvo alguna relación con el asalto.

Pero la última información conocida permite establecer ya una conclusión fundamental sobre la seguridad: el Tesoro de Villena contaba con importantes medidas de protección y los sistemas de detección funcionaron, pero los asaltantes consiguieron superar las barreras físicas antes de que pudiera producirse una intervención capaz de detener el robo.

Ese margen de apenas unos minutos se encuentra ahora en el centro del análisis.

La investigación no sólo tendrá que esclarecer quiénes fueron los autores y dónde se encuentran las piezas sustraídas. También deberá reconstruir segundo a segundo cómo al menos seis personas consiguieron vencer las diferentes capas de seguridad de uno de los conjuntos arqueológicos más valiosos de Europa y desaparecer antes de la llegada de los agentes.


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