La vida era eso
Carmen Amoraga
PREMIO NADAL DE NOVELA 2014
Una novela íntima y universal sobre el amor
y la pérdida, el valor de lo vivido y de lo que
está por vivir.
¿Por qué quería escribir esta historia?
«Hace menos de tres años llevé a mi hija al cumpleaños de una niña de su clase. Allí conocí a Viviana y a Walter. Walter era grande, fuerte y risueño. Poco después supe que estaba enfermo. Poco después supe que murió. Todo me lo contó Viviana en el perfil de Walter. Es Walter el que habla pero es Vivi la que escribe. Walter me contó después de haberse marchado que habían creado el rincón de papi con dibujos y una botella de Jack Daniels, que soplaría las velas de la tarta en el cumpleaños de su hija pequeña, que había oído una canción de Whitney Houston y se la dedicaba a Viviana.
Una tarde me encontré a su mujer y a sus hijas por la calle, frente a mi casa, a la salida de la presentación de un libro, y nos abrazamos en silencio. Entonces yo ya quería escribir una historia que contase la suya, no la de Walter y Viviana, sino la de una mujer que había comprendido que los seres humanos estamos diseñados para sobrevivir y que eso era lo que tenía que hacer para salir adelante junto a sus dos hijas. Hay quien no es capaz de hacerlo, sobrevivir, pero hay quien entiende que es su única salida y se agarra a un hilo que pasa por delante de su cara como si fuera una maroma de barco porque sabe que hay que aprender a perder para aprender a vivir. Esa era la historia que yo quería escribir.
Se lo conté cuando ya nos habíamos hecho socias, compinches, amigas, y le pedí un permiso que ella me dio. Así nació La vida era eso. No es la novela de mi amiga. Es la novela de una mujer fuerte que no sabe que lo es que es y que descubre que comunicarse con el mundo, aunque sea a través del mundo virtual, es la herramienta clave para que el dolor de la herida sea más leve, aunque sólo sea un poco.
Viviana dejó de ser Viviana y pasó a ser Giuliana. Y Walter, William.Y Kayla y Chelsea, Ana y Marie. No eran ellas. No tenían que serlo. Eran otras, otros, con un pasado distinto y un futuro diferente, con otras caras, otras pieles, otros olores y el mismo dolor, el que Viviana/ Guiliana expresa en los post que le escribe a su marido muerto el 29 de cada mes durante un año. No para regodearse. Sólo para sobrevivir.
A finales de enero hará dos años que Walter murió. Viviana escribe en su perfil que allá donde esté, estará sonriendo al ver todo lo que ha generado, y es curioso, porque yo, que sólo lo vi un par de veces, le recuerdo justo así. Capaz de causar estas cosas. Como si fuera un fenómeno de la naturaleza, porque una gota de lluvia es un fenómeno natural del mismo modo que lo es un huracán. Como un fenómeno capaz de todo lo bueno y de todo lo malo. Así le recuerdo. Y con ese recuerdo, nació esta novela»
Carmen Amoraga
La vida era eso
Carmen Amoraga
La autora
Carmen Amoraga (Picanya, Valencia, 1969) es licenciada en Ciencias de la Información y ha trabajado para radio y televisión. Columnista del diario Levante y colaboradora en tertulias en Punto Radio, Ràdio 9 y Canal 9, en la actualidad es asesora en relaciones con los medios de comunicación del rectorado de la Universitat de València. Colabora en la Cadena Ser y publica artículos en Cartelera Turia. Con su primera novela, Para que nada se pierda (1991), obtuvo el II Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. La siguieron Todas las caricias (2000), La larga noche (Premio de la Crítica Valenciana 2003), Algo tan parecido al amor (finalista Premio Nadal de Novela 2007), El tiempo mientras tanto (finalista Premio Planeta 2010) y El rayo dormido (2012). Ha publicado también Palabras más, palabras menos (2006), una recopilación de sus artículos en prensa, y Todo lo que no te contarán sobre la maternidad (2009).
La vida era eso
La novela
William era el principal motor de su vida, su protector, su gran apoyo, el hombre del que se enamoró y con el que había compartido los últimos años de su existencia. Así que cuando murió, tras un cáncer que se había desarrollado en un corto espacio de tiempo, Giuliana sintió que el mundo se le venía encima. Con dos niñas aún pequeñas y lejos de la familia y de su tierra argentina, siente que el dolor lo inunda todo, que le han arrebatado su gran amor. Se avecinan días duros, terribles, de profunda desolación y añoranza, pero tiene que seguir viviendo… porque tiene dos hijas, porque ya sólo las tiene a ellas. El inevitable proceso de duelo sin embargo, se verá atemperado por un descubrimiento al que hasta ahora no había prestado atención, el de las redes sociales.
«Aprovechó la espera para avisar a los vecinos, por las niñas, pero se olvidó de cambiarse las zapatillas y llegó a urgencias en chanclas. Le costó una eternidad encontrar a su marido y sintió por primera vez ese terror que la mantiene paralizada desde ese día. Y si ya no le veo más. Y si ya no le veo más. Y si ya nunca más le veo.»
A William todo le interesaba, nada de lo humano le era ajeno, así que cuando descubrió facebook le pareció una nueva y revolucionaria forma de comunicarse, de relacionarse con otras personas. Usuario habitual, convenció a su esposa para que, poco antes de morir, comenzase a escribir en su perfil de facebook, por él, las impresiones que a lo largo de aquellos aciagos días iba teniendo. Sin embargo, cuando acaece la muerte, ella continúa escribiendo… canciones, poemas, recordatorios… Parece como si fuera William el que estuviese narrando su propia muerte, y lo que siente desde allí. Giuliana terminará finalmente encontrando refugio en ese mundo virtual que hasta ahora le resultaba tan lejano y absurdo. Comenzará a escribir en el facebook como una forma de superar la pérdida, como si aquel fuese un espacio que le permitiese reencontrarse con él, como vía de escape para sobrevivir al pasado y sus recuerdos.
«Giuliana Di Benedetto con William Kesselman, 29 de octubre
Hola, Will. Como ves, acabo de abrirme una cuenta, para no seguir robando la tuya, pero decidí que tu cuenta seguirá abierta para ir agregando cosas que quizás habrías dicho o te habría gustado poner en su muro. Hace tres meses que partiste, y mi vida y la de nuestras hijas ya no será igual, se ha ido mi compañero de ruta y me haces falta a cada momento, pero sé que donde estés nos protegerás siempre, como lo hiciste en este mundo.»
Los días transcurren lentos, grises, como si las oscuras nubes que la acompañan nunca terminaran de irse… Ya no acude a las sesiones del grupo de apoyo integrado por personas en similar situación, aunque sigue teniendo contacto con ellos a través de su nuevo perfil en facebook, sobre todo con María, la organizadora de las reuniones. Ahora, las niñas se han convertido en su principal preocupación, pero aun así Giuliana se ve obligada a visitar en más de una ocasión la consulta psicológica de la doctora Palau, especialmente cuando los ánimos flaquean. Le gusta mirar al pasado, recuperar momentos que por alguna razón fueron importantes en la relación con su marido, recordar las intensas charlas con él, sus discrepancias y también sus reproches. Facebook será el espejo que recoja los altibajos morales y de humor que la llevan de la negación de lo evidente, a la ira y enfrentamiento con todo ser viviente.
«Las reuniones se convocaban a través de un grupo de Whatsapp que se llamaba «Onco». Lo administraba María Martín, que estaba siempre en guardia. El cáncer, lo tenía su marido en la laringe. Tenían tres próstatas, cuatro mamas, un colon, una lengua, dos estómagos y un pulmón; algunos estaban sentenciados y otros peleaban como jabatos, convencidos de que, como decía Cela, el que resiste vence.»
Amigos que antes no tenía, se hacen latentes, y conversaciones que nunca pensó pudiese llegar a tener, se presentan naturales, como escapadas de un acceso de rabia, o quizás de aquellas tensiones y silencios que nunca terminan de liberarse. Así, María y Pepe, el antiguo jefe de su marido, se hacen asiduos de entre su lista de amigos; personas que la enfrentarán a esa nueva realidad que tras la depresión, tiene que ir planteándose aceptar. El hueco de William se va llenando de nostalgia, de amores olvidados, de inseguridades e incluso de alguna infidelidad que le sirvió para mantenerse fiel a sí misma… porque, en el fondo, lo que más cuesta aceptar es que «el mundo sigue girando, se marche quien se marche.»
«Ella cree que, si alguien la toca, la abraza o la besa, si alguien que no sean Ana y Marie le pone la mano encima, con afecto, la ausencia de los abrazos de William se volverá insoportable y no tendrá más remedio que dejarse morir, víctima de esa tristeza infinita que sólo en el mundo virtual está empezando a desaparecer durante algunos instantes.»
Personajes principales
William Kesselman padecía un cáncer de colón que le había producido una inesperada y fulminante metástasis. Optimista, trabajador, usuario habitual de facebook, leal, honesto, a veces temperamental, pero casi siempre amable, gran amante y mejor compañero. Cuando el amado esposo y cariñoso padre finalmente fallece, todo parece derrumbarse en la familia… Se fue el hombre que buscando inventarse de nuevo, empezar una nueva vida, los embarcó a todos en aquella aventura que desde Argentina, y tras un corto periplo, terminó recalando en un pequeño pueblo de Valencia. Allí eran simplemente felices…
Giuliana Di Benedetto se queda viuda en un momento crucial de su vida, con dos niñas pequeñas, alejada de su tierra y familiares cercanos, casi sin amigos. Se siente culpable por no haber descubierto antes los síntomas de la enfermedad de su marido. Comenzar de nuevo, sin él y con cuarenta años ya superados, parece algo realmente difícil, pero tiene que sobreponerse. Sincera, tímida, directa y a veces áspera en el trato, ahora se encuentra desolada, intentando superar un miedo que le ocupa todas las células. Descubrir las redes sociales, empezar a contar y compartir su situación, así como abrirse a otras personas, serán la base detonante para iniciar la aceptación de su nuevo estado.
Marie y Ana, de diez y cinco años respectivamente, son las hijas del matrimonio. Se convertirán en la razón básica de Giuliana para seguir luchando. Aunque les pueda resultar duro asumir la pérdida del padre, son niñas, y por tanto, olvidarán antes. Pero no quita que con asiduidad recuerden sus besos, su olor, sus juegos… y acudan al «rincón de papi», aquel lugar de la casa donde, alrededor de la urna con los restos, depositan fotos, dibujos, flores y demás cosas que le gustaban.
Carmina Palau es la psicóloga que Giuliana visita con regularidad desde que su marido enfermó. Es ella la que le servirá de inestimable ayuda en su duelo, la que la que le vaya abriendo los ojos en cada etapa del proceso… porque «descartadas las drogas, el alcohol y la propia muerte, que son las tres cosas que harían que se sintiera mejor, porque estaría ausente del mundo o muerta, no le queda más remedio que asumir que tiene que seguir viviendo. Porque tiene dos hijas. Porque sólo tiene a sus dos hijas.»
María Martín es profesora y la administradora del grupo de apoyo al que Giuliana se une. Su marido también tiene cáncer, y aunque inicialmente Giuliana la rechaza pues su idea de apoyo emocional no la convence demasiado, terminará por hacerla amiga. Los momentos que comparten son liberadores, de llanto y desahogo. Ambas (sobre todo María) buscan compartir el miedo que las ata, esa comprensión que solo en alguien que vive tu misma situación son capaces de encontrar.
Pepe Bau fue jefe de William durante casi cinco años. Ahora también es amigo de ella en el facebook. Cuando la llama para ofrecerle su apoyo, se confiesa fiel seguidor de los post que ella va colgando en el muro, y a través de los cuales aprecia su evolución. Separado, agradable y franco, terminará entrando en la vida de la mujer como un amigo más, aunque ya no solo virtual.
Santiago Parodi compañero de estudios de Giuliana, secretamente enamorado de ella durante años, reaparece en su vida y mantienen una aventura que Giuliana no sabe cómo encajar en su vida.
¿Era eso? ¿Era eso lo que le había pasado? ¿Que era un ama de casa frustrada y decepcionada con la vida y no tuvo más remedio que acostarse con el primero que se le puso delante? Le viene bien ese pensamiento. Que no tuvo importancia, que fue como tirarse de un puente agarrada por un arnés al tobillo. Sentir que vas a morir sabiendo que no vas a hacerlo. Que serle infiel a William fue una manera de mantenerse fiel a si misma, a esa chica rebelde y llena de sueños que ahora sólo soñaba con tener la Thermomix en el banco de la cocina. Que no tuvo nada que ver con su esposo, ni con el amor.
La enfermedad de Willam hace que Guliana borre de su mente a Santiago Parodi y al sentimiento de culpa que le generó, pero la muerte de su marido se lo devuelve, de nuevo, en forma de fantasía que le ayuda a sobrellevar su realidad.
Por eso piensa en Santi. Pero no en la piel de Santi, húmeda y brillante, ni en los besos de Santi, ni en las manos de Santi abrazándola, rodeándola, abarcándola, ni en el sexo de Santi, tomando posesión de lo que debía haber sido suyo tanto tiempo antes, como en la canción de James Blunt que le dedicaba en el Facebook imaginario. No. No piensa en él hacia detrás. Sólo hacia delante. Piensa en él porque pensarlo es como inventarlo, como inventar una vida distinta. Una vida sin dolor.
Amor, pérdida, superación y redes sociales
«Las cosas no dependen de nosotros, ni de nuestros temores ni de nuestras certezas.»
***
«Hay dos formas de ver la vida: una es no creer en los milagros y la otra es creer que todo es un milagro.»
La vida era eso es una novela muy especial, uno de esos pocos libros que dejan huella, que no suelen olvidarse con el tiempo, que como un buen amigo, acompaña, apoya y resuelve. Las palabras, textos, reflexiones y diálogos de la autora se convierten en esa voz afectuosa, necesaria y sincera que en todo momento sabe decir lo adecuado. Su literatura es, aparte de lúcida y diestra, reconfortante, cercana, sutil… sabia. Nunca se perderá en disquisiciones que no aporten vitalidad al texto, al argumento y a la emoción del personaje, y por tanto del lector. Ya que en su novela esas dos figuras suelen ir de la mano, siguiendo el mismo camino y buscando percibir parejos sentimientos. La autora profundiza incansable en la psicología de los personajes, sobre todo de Giuliana, la protagonista, y muestra la transformación que ésta sigue a lo largo de los tortuosos meses de duelo que le toca sufrir. Porque en el fondo, aceptar la pérdida es también una forma de aprender a vivir.
«Su relación con el resto de la humanidad es fría cuando sale de la pantalla del ordenador. Hay gente a la que conoce en el mundo virtual y también en el real, y aunque en Facebook mantiene largas y acaloradas discusiones sobre cualquier tema, en la calle resuelve el encuentro con un «hola qué tal» y poco más.»
Esta es una novela intimista y real que, sin extremar el dramatismo, habla de la soledad, el amor, la pérdida y de la posterior superación, pero también de cómo pueden llegar a ser las relaciones humanas en la era de las redes sociales. El giro trascendental que se produce en la vida de Giuliana tras la muerte de su marido, la lleva a refugiarse en un mundo virtual que hasta esos momentos le era totalmente ajeno. Y es precisamente esa vacilación e ingenuidad con un medio que le es desconocido la que aprovecha la autora para mostrar a la protagonista tal y como se encuentra, con todos sus crudos desgarros, miedos, dudas y contradicciones. Facebook se convertirá entonces en la adecuada puerta que le permita hablar de lo ocurrido, analizar el problema, contar lo que se siente y recibir en forma de comentarios el aliento necesario para poder enfrentarlo. Algo que obliga a reflexionar sobre como los caminos de la comunicación humana son cada vez más espontáneos y diversos.
«La muerte no se lo lleva todo. Se lleva sólo una parte, la parte mala. Los malos recuerdos, los malos modos, los malos momentos, y se deja lo mejor. Debe ser parte de su crueldad. Lo piensa, y el pensamiento le da ganas de ponerse a llorar.»
Aunque pérdida, muerte y desolación son puntos clave de la novela, ésta no deja de mostrarse como una obra vitalista, donde lucha y emotividad se combinan para aportar luz a todo aquello que pueda nublar la existencia, y donde la esperanza y el humor se esconden tras la pesadumbre. Y aun hablando de ellas, esta no es precisamente una novela sobre enfermedades, sino más bien sobre la forma de enfrentarlas. La autora se vale de textos escritos siguiendo los diversos formatos de escritura permitidos en las redes sociales para, desde una perspectiva actual y ajustada a esas nuevas formas de relacionarse, hablar de sentimientos, recuerdos, ausencias, sensaciones o rencores. La estructura de la novela, al igual que el proceso de duelo, se sustenta en cuatro partes paralelas a los estados de ánimo que va soportando la protagonista, desde la negación y la ira hasta la idealización y final aceptación. Los fugaces viajes que en la memoria Giuliana hace al pasado, se presentan entonces lógicos con su transformación y acordes con la evolución de la historia.
«Y también se lleva la mala costumbre de intentar cambiarla, de querer moldear su carácter, porque el que tenía en verdad no le gustaba, y la discusión… «Si no te gusto, por qué no me dejás», «porque te quiero », «si me querés, por qué me querés cambiar». Eso se lleva la muerte, sólo eso, y deja lo otro, lo que más duele. Se lleva sus bajezas, pero te deja las tuyas.»
Giuliana se alza como protagonista absoluta de una historia donde los personajes son de carne y hueso, algunos más rotos que otros, pero siempre en una búsqueda incansable por superar el dolor o la soledad y encontrar de nuevo su sitio en el mundo. Su voz va adquiriendo fuerza a lo largo del texto hasta convertirse en un grito sutil y doliente, a veces incluso extremo, pero siempre conmovedor e inteligente. A través de un relato de gran belleza literaria, valiente, en ocasiones incluso lírico y con toques de humor, Amoraga ha conseguido no solo destapar la gran cantidad de matices psicológicos que tienen los personajes, sino también su hondura y complejidad.
«Giuliana Di Benedetto con William Kesselman, 5 de febrero de 2012
Si las cosas hubiesen sido de otra manera, hoy tendría que decirte ¡¡FELIZ CUMPLE!! ¡¡FELICES 48!! Pero no pudo ser, así que en lugar de festejar he decidido homenajearte en el día que te vio nacer, y que a pesar del paso del tiempo tus hijas y yo seguiremos recordando como siempre, y la gente que te quiere también.»
El nombre de Carmen Amoraga se ha convertido a fuerza de premios y reconocimientos en una figura fundamental de la literatura española contemporánea, no solo respaldada por la crítica sino también por un público, que en perfecta simbiosis con su obra, acaba empatizando con los personajes, disfrutando de sus historias y planteándose cuestiones cercanas a las suyas. Ya entre las primeras páginas del libro pueden encontrarse unas palabras de Pedro Salinas sobre el amor, que en clave poética, avanzan la verdad última en torno a la que gira la historia: «¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba?»
Han dicho de su obra:
«Carmen Amoraga llama a la puerta de las vidas de enfrente, esas que habitan en el piso de abajo o en la oficina de al lado: seres heridos por la aguja envenenada de un reloj implacable que no tiene piedad alguna con quienes sueñan y se ilusionan.»
Tino Pertierra, La Nueva España
«Amoraga nos otorga el goce de una narración que profundiza en sentimientos que se quieren universales y que no ofrece concesiones y que, en ocasiones, llega a ser ácida y brutal, como la vida misma, que es de lo que se trata.»
Juan Ángel Juristo, ABC
«Una novela hecha del barro de la vida, en la cual se abordan situaciones y problemas llenos de verdad en la complicada tarea cotidiana de empujar la vida.»
Ángel Basanta, El Cultural


