El Museo Arqueológico de Elda presenta como pieza del trimestre una herramienta de piedra pulida descubierta en 1967 en el yacimiento de El Chopo-El Chorrillo. Se trata del objeto arqueológico más antiguo que conserva el museo y una muestra de la presencia humana en el valle del Vinalopó durante el Neolítico.
El Museo Arqueológico de Elda invita a viajar miles de años atrás para descubrir cómo vivían las primeras comunidades que poblaron el territorio. Su nueva protagonista es un hacha de piedra pulida de aproximadamente 7.000 años de antigüedad, una pieza que permite conocer mejor las herramientas y las formas de vida de los habitantes del valle del Vinalopó durante la Prehistoria.
El objeto ha sido seleccionado para la iniciativa «La pieza del trimestre», con la que el museo pone en valor algunos de los elementos más representativos de sus fondos arqueológicos. En esta ocasión, la elección tiene un significado especial: se trata de la pieza más antigua de toda su colección.
Un hallazgo que se remonta a 1967
La historia de esta herramienta comenzó a escribirse para la arqueología local hace casi sesenta años, cuando un agricultor la encontró mientras araba unas tierras del paraje de El Chopo, situado en la margen izquierda del río Vinalopó.
El descubrimiento se produjo en 1967 y fue comunicado a los integrantes de la Sección de Arqueología del Centro Excursionista Eldense, a quienes el agricultor entregó la pieza para su conservación y estudio.
El hallazgo quedó registrado en el diario de actividades del 5 de febrero de aquel año. Posteriormente, se realizaron prospecciones en la zona, aunque no se localizaron otros restos durante aquellas primeras investigaciones.
El enclave de El Chopo-El Chorrillo, situado al norte de la sierra de La Torreta, constituye un espacio de interés arqueológico por los testimonios de diferentes épocas encontrados en sus alrededores.
En este lugar también se han identificado fragmentos de cerámica prehistórica y evidencias de un posible santuario prerromano, cuyos restos fueron excavados por el equipo del Museo Arqueológico de Elda en 1997.
Una herramienta fundamental para la vida cotidiana
El hacha está fabricada a partir de sillimanita, un mineral que presenta una tonalidad blanquecina. Su forma es poligonal, con una sección rectangular, y mide 12,5 centímetros de longitud, 4,7 centímetros de anchura y 3,2 centímetros de grosor.
A pesar de su antigüedad, se encuentra en un excelente estado de conservación, salvo por la rotura de uno de sus extremos, conocido como talón.
Las hachas de piedra pulida desempeñaron un papel importante durante el Neolítico, una etapa de grandes transformaciones para las sociedades humanas.
La expansión de la agricultura y la ganadería favoreció el establecimiento de poblados permanentes y obligó a desarrollar nuevas herramientas adaptadas a las necesidades de la vida cotidiana.
Estos utensilios se empleaban principalmente para cortar y golpear, especialmente en tareas agrícolas y trabajos relacionados con la tala de árboles y el aprovechamiento de la madera.
Para facilitar su utilización, podían incorporarse a mangos de madera mediante resinas vegetales y cuerdas elaboradas con fibras naturales o tendones de animales.
La técnica que permitió fabricar herramientas más resistentes
Una de las principales innovaciones del Neolítico fue el perfeccionamiento de las técnicas de fabricación de utensilios de piedra.
A diferencia de las herramientas talladas, las hachas pulidas se elaboraban mediante un proceso de fricción que permitía alisar la superficie de la piedra y eliminar sus irregularidades.
Para conseguirlo, se utilizaban otras piedras y materiales abrasivos, como la arena, hasta obtener una herramienta más resistente, duradera y con un filo más eficaz.
Este avance facilitó numerosos trabajos cotidianos y contribuyó a mejorar las posibilidades de aprovechamiento de los recursos naturales.
Aunque la función principal de estas piezas era práctica, los especialistas también han documentado pequeñas hachas en contextos funerarios, lo que plantea la posibilidad de que determinados ejemplares tuvieran un significado simbólico o ritual.
Un testimonio de los primeros habitantes del Vinalopó
El concejal de Patrimonio Histórico de Elda, Iñaki Pérez Rico, ha destacado el valor de esta pieza para comprender el pasado del municipio y la importancia de conservar los testimonios materiales de las primeras comunidades humanas.
Según ha señalado, el hacha constituye una muestra excepcional del patrimonio arqueológico eldense y permite acercar a la ciudadanía una etapa fundamental de la historia del territorio.
La presencia de esta herramienta en el entorno de El Chopo-El Chorrillo aporta información sobre la ocupación del valle del Vinalopó durante el Neolítico, cuando comenzaron a consolidarse formas de vida vinculadas a la agricultura, la ganadería y los asentamientos estables.
Su conservación permite estudiar las técnicas y conocimientos de aquellas poblaciones, además de comprender la evolución de las sociedades que habitaron estas tierras miles de años antes del desarrollo de las ciudades actuales.
Una pieza que ya puede contemplarse en el museo
El hacha forma parte de la colección permanente del Museo Arqueológico de Elda y se encuentra expuesta en la Sala de Prehistoria, junto a otros materiales procedentes del yacimiento de El Chopo-El Chorrillo y de diferentes enclaves arqueológicos del entorno.
Su elección como pieza del trimestre ofrece una nueva oportunidad para acercarse a uno de los testimonios más antiguos de la historia local.
Con esta iniciativa, el museo continúa difundiendo su patrimonio y mostrando cómo objetos aparentemente sencillos pueden aportar información fundamental sobre las personas que habitaron Elda hace miles de años.







