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Alacant

Mari Carmen González , las manos que han dado forma a generaciones de mantillas alicantinas

Durante más de cuarenta años ha preparado con mimo una de las piezas más emblemáticas de la indumentaria festera, convirtiéndose en una referencia para cientos de familias

Cuando una belleza, una dama o una novia se coloca una mantilla, pocas veces piensa en las horas de trabajo que hay detrás de cada pliegue. Sin embargo, durante décadas, muchas de esas mantillas han pasado antes por las manos deMari Carmen González

Su nombre quizá no aparezca en los programas oficiales de las fiestas, pero para varias generaciones de alicantinas es imposible hablar de mantillas sin hablar de ella. Con paciencia, dedicación y una precisión aprendida a lo largo de toda una vida, Mari Carmen ha convertido un oficio artesanal en una auténtica vocación.

Cada temporada festera su casa se transformaba en un pequeño taller donde las mantillas llegaban dobladas y salían convertidas en auténticas obras de arte. Almidonar, modelar y encañonar son tareas que exigen tiempo, experiencia y una sensibilidad especial para entender cómo debe caer cada encaje y cómo debe lucir cada pieza.

Mucho más que un trabajo

Para Mari Carmen, cada mantilla cuenta una historia.

Por sus manos han pasado mujeres que años después regresaron acompañadas por sus hijas e incluso por sus nietas. Familias enteras que han confiado generación tras generación en una artesana que ha sabido conservar una tradición cada vez más difícil de encontrar.

En muchas ocasiones ha sido testigo silenciosa de algunos de los momentos más importantes de la vida de quienes acudían a ella. Bodas, proclamaciones, presentaciones y actos festivos forman parte de los recuerdos que guarda tras más de cuatro décadas de trabajo.

El valor de los oficios invisibles

Las Hogueras se construyen con monumentos, música y pólvora, pero también con personas como Mari Carmen. Profesionales que trabajan lejos de los focos y cuya aportación resulta imprescindible para mantener vivas las tradiciones.

Su historia es la de una generación que aprendió un oficio con las manos y que ha dedicado años a perfeccionarlo. Una historia de esfuerzo, de paciencia y de amor por los pequeños detalles.

Porque detrás de cada mantilla perfectamente colocada también hay una parte de la vida deMari Carmen González


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