Las perseidas son también conocidas en los países de tradición católica con el nombre de lágrimas de San Lorenzo, porque el 10 de agosto se celebra su santoral.
En la Edad Media y el Renacimiento las perseidas tenían lugar la noche en que se le recordaba, de tal manera que se asociaron con las lágrimas que vertió san Lorenzo al ser quemado en una parrilla.
Si bien las percibimos como estrellas fugaces, se trata de partículas de polvo del tamaño aproximado de un grano de arena que dejan los cometas alrededor del sol. El efecto luminoso se produce cuando estos granitos atraviesan la atmósfera terrestre, atraídas por nuestro planeta, y se volatilizan. Lo hacen a unos 210.000 kilómetros por hora.


