Moros y Cristianos. El susto llegó con el segundo desfile de las fiestas de Novelda. Al comienzo de la Entrada Mora, la abanderada de los Árabes Damasquinos sufría una caída del caballo que obligó a retrasar el paso casi una hora. Por suerte, el percance quedó en anécdota, y la Media Luna pudo brillar como de costumbre.
El segundo de los desfiles de Moros y Cristianos de Novelda acaparó el cupo de anécdotas y accidentes de las fiestas. Al poco de comenzar la Entrada Mora, la abanderada de los Árabes Damasquinos, primera comparsa en tomar la salida, caía del caballo en el que debía realizar su paso por las calles de Novelda, obligando a retrasar la salida casi una hora. Por suerte, el percance no le provocó más que contusiones leves, y la Entrada pudo desarrollarse con normalidad.
La lluvia había estado a punto de estropearlo todo a última hora de la tarde. Lo que durante la procesión de Santa María Magdalena fue una anécdota, pudo haber sido la noticia en la Entrada Mora de las fiestas de Moros y Cristianos de Novelda. Una hora antes del inicio del desfile, cuando se debía realizar la recogida de los cargos del Bando Moro, la lluvia hacía acto de presencia, un aguacero breve, pero intenso. Por suerte, en apenas 20 minutos, la normalidad se restablecía y asomaban los últimos rayos de sol del día, con lo que el inicio de la entrada se produjo a la hora prevista, las nueve de la noche.
Como en la Entrada Cristiana del jueves, correspondía al Embajador encabezar el desfile. Así, Juan Mira se presentó a lomos de su caballo para dirigir a las huestes de Alá, seguido del boato de los Damasquinos, en el que brilló con especial fuerza la Sultana Mora, Liliana Gran Pastor, subida en una carroza en forma de camello. Poco duró el frenesí de aplausos al paso de los moros, puesto que se producía la caída de la abanderada que paralizó el desfile.
Finalmente, a las 22.30, se restablecía la normalidad, y el resto de las comparsas del Bando Moro podían realizar el desfile con normalidad, a excepción de un festero al que tuvieron que atender las fuerzas de seguridad por un mareo.
Una vez más las vestimentas fueron protagonistas, sobre todo los espectaculares trajes de negro, recargados con plumas, pieles y rematados con elaborados maquillajes. Así, y más tarde de lo habitual, partieron los Piratas, los Beduinos, los Negres Betánics y los Omeyas; paseando, por fin, todo su orgullo festero.
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