Los cazadores tendrán que recuperar su esencia para ser aceptados por una sociedad en la que crece la aversión a que se maten animales salvajes por placer, diversión o deporte.
La actividad cinegética podrá aspirar al prestigio otorgado a los depredadores salvajes y al recolectorcazador paleolítico si contribuye al proceso evolutivo en la naturaleza, de lo contrario, desaparecerá irremisiblemente, por atentar contra la ética y la sensibilidad de la sociedad moderna.
El autor de este ensayo desarrolla esta idea y revisa prácticas caducas de ecologistas, cazadores y mundo rural. Ser aceptadas y valoradas por la sociedad digital de la información y el conocimiento exigirá profundos cambios a la actividades cinegéticas y a la conservación de la naturaleza.
Varillas propone recolonizar el medio rural abandonado con profesionales que trabajen por Internet y vivan en la naturaleza. Plantea repoblar la España vacía con teletrabajadores naturalistas y cazadores que conecten al ser humano tecnológico con lo libre. Una población rural no destructora que recupere lo salvaje. Nuevos rurales que desarrollen su profesión a distancia y retransmitan al mundo el pulso de la vida no domesticada, asumiendo funciones de vigilancia y seguimiento de la fauna, hoy en manos de costosos funcionarios. Aprovechar la proteína salvaje será parte de esa labor. En la España rural de la Sociedad de la Información los depredadores son aliados, no enemigos, y la caza de los herbívoros un elemento más de la gestión del territorio para mantener sanas y en equilibrio la fauna y la flora, si se cumplen una serie de premisas avanzadas por Félix Rodríguez de la Fuente ya en 1969, que ahora recoge esta propuesta como un reto del presente.


