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Opinió Villena

“Seguir adelante”, por Gonzalo Trespaderne

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Esta semana he estado viendo, con mi alumnado de Psicología de segundo de bachillerato, el tema de la motivación. A modo de introducción, les leí mi último comentario en Facebook (no sabían de mis andanzas por las redes sociales).

Añadí que lo escribí, principalmente, con la intención de proponer una serie de argumentos que nos animaran o nos dieran fuerza para afrontar la cuesta de enero.

Después, pasamos a revisar la famosa la pirámide de Maslow sobre las necesidades cuya satisfacción es lo que mueve el comportamiento humano.

Al llegar al tercer nivel, el que se refiere a la amistad y el afecto, me indicaron: esto es muy importante, podrías comentarlo en tu próxima entrada. Pues bien, ahora que estoy en ella, diré que, desde luego, son asuntos que nos impulsan enormemente cada día, contribuyendo en gran medida a conseguir lo que nos espera en la cima: la autorrealización o sentimiento de plenitud.

Tener a alguien con quien hablar, con quien salir, con quien compartir lo que sea; tener a quien querer o a alguien que te quiera, es sin duda fuente del mayor bienestar. Creo que no hace falta entrar en detalles porque forma parte de nuestra experiencia.

Lo que si debemos hacer es recordarlo, sobre todo en esos momentos en que nos sentimos sin fuerza, en que no encontramos algo que nos reconforte.

Sin embargo, como vimos luego en la clase del jueves, en estrecha relación con todo lo anterior, aparece el fenómeno de la frustración: ese estado anímico que se produce cuando tras habernos motivado no se cumplen nuestras expectativas.

Puede acarrear sentimientos de tristeza, ira, desesperanza… Atendimos a lo expuesto en un par de videos, dialogamos y, al final, concluimos cosas como que no es malo frustrarnos, porque nos lleva a elaborar nuevos recursos para continuar avanzando, convirtiéndonos así en más inteligentes; hay metas que nos proponemos que son imposibles de alcanzar; hemos de aprender a convivir con nuestras deficiencias; lo más importante cuando nos llega el chasco es no quedarnos sin hacer nada o dándole vueltas al infortunio, y buscar soluciones para evitar que el daño se prolongue o se repita en el futuro.

Es lo que hace uno de los tres ratones del célebre cuento “Quién se ha comido mi queso”. Se lo recomiendo a quien no lo haya leído. Puede encontrarse fácilmente en Internet.

Mientras, ¡que vaya muy bien la cuesta de febrero!


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